Pregunta.- Vaya mierdas que escribes, Manrique. En el rock todos sabemos las rencillas de Barón Rojo. Como os dedicáis al puto pop, en cuando os enteráis de algo que ocurre en el rock caéis en el sensacionalismo más asqueroso.
Respuesta.- ¡Comenzamos en plan heavy! Eternamente, la gente del rock duro se queja de la falta de atención de los medios. Y cuando lo hacemos, sale algún bocazas. Mira, Carlos. Tengo la seguridad de que, cada año, se incorporan al rock unos cuantos miles, decenas de miles de chavales. Tal vez hayan escuchado los discos paternos de los Beatles pero, desde luego, no saben que los de Liverpool vienen de Motown y el rockabilly y en rock & roll de Chicago. Así que conviene contar las Grandes Historias de forma clara y fresca. Tanto las de fuera como las de dentro del país. La de Barón Rojo es, además, Historia Eejemplar, con enseñanzas para cualquiera con ilusiones de formar un grupo.
P.- Manrique, echo de menos tus articulos. Leo tus columnas pero barrunto que dedicas más tiempo al Caralibro y el Tuit y esas tonterías modernas.
R.- Bueno, Jordi, te aseguro que sifgo escribiendo tanto como antes pero los textos igual aparecen en “Cañamo”, “Gentleman” y otras revistras que no son obviamente musicales. Respecto al Facebook y el Twitter, yo lo concibo como una discusión abierta en la que aprendes a asimilar argumentos ajenos o te reafirmas, por medio de la discusión, en los propios. Si lo usas moderadamente, son elementos positivos.
P.- Lo que dice Simon Raymonde, el de los Cocteau Twins, sobre que los músicos deberían desentenderse de las redes sociales y dedicarse a la música ¿lo compartes tú? Perdona, Manrique, pero no queda claro en tus redes sociales, con perdón.
R.- Ese es otro asunto. Hace años que vengo avisando CONTRA el modelo del artista multitarea. Los evangelistas de Internet dicen que debes grabarte tu música e intentar rentabilizarla. Como quieren convencerte de que tu música no tiene otro valor que anunciarte, te aseguran que el dinero está en el directo, lo que te obliga a buscar conciertos, a hablar con promotores. Aparte, hay que mantener una relación fluida con los seguidores a través de las redessociales. Siempre me he preguntado en qué momento les brota la música, si ya tienen días de 24 horas de trabajo. El argumento de Simon tiene perfecto sentido: puedes perder tiempo y energías en lo secundario, mientras te olvidas de lo esencial.
P.- Buenos días Diego, ¿Qué le recomendarías a un joven que siente vocación por la crítica musical, pero que no sabe como introducirse en el mundillo? ¿Qué circunstancias hicieron posible que tú te pudieras dedicar a esto y vivir de ello?
R.- Bejar, lo he contado en muchas de las entrevistas que me han hecho con ocasión de mi libro. Desde luego, lo mío fue pura chiripa y no podría ocurrir ahora. Pon en el buscador mi nombre y “revista Triunfo” y te saldrán los detalles. Lo cierto es que lo que me preguntas necesita otro tipo de respuesta, no encajable en este formato. En algún momento, me han hablado de dar un curso de periodismo musical en Madrid y-se me ocurre- eso sería al menos una clase.
P.- Hola. Comentanos tus impresiones sobre los ganadores de los premios de la musica independiente de anoche. Gracias.
R.- ¡Buf! Creo que deben replantearse el sistema de votación. El usar las redes sociales me parece que abre los resultados a manipulaciones, votos automáticos y vamos-a-apoyar-a-los-de-mi-pueblo. De otra manera, no me explico algunos de los premios de anoche, destinados seguramente a la Historia de la Infamia Musical. ¿Conviene decirlo más claro? En Internet, no conviene confundir la democracia con los “me gusta”.
P.- Che Manrique, no te hagas el estrella!!! Mando todas las quincenas una pregunta desde hace un año y solamente respondiste una sola. Se te subieron los humos a la cabeza?
R.- Che Lombardi! Te voy a explicar los secretos de la vida: los niños no vienen de París, los Reyes Magos son los padres y una entrevista digital acumula más de un centenar de preguntas cuando, a duras penas, sólo puedes responder a veinte, y eso doblando el tiempo concedido. Aparte, abundan las preguntas que parten de una postura pétrea (“dado que los Pernice Brothers son el mejor grupo del mundo bla bla bla”) y las que mezclan cuestiones diversas, se te hace cuesta arriba decidir qué preguntas puedes o debes atender. No es nada personal y no se me suben hipotéticos humos: no me dejan fumar, ni tabaco ni otras cosas.
P.- Buenas tardes,Diego.He descubierto recientemente que Robert Mitchum era un gran aficionado al Jazz y que grabò un disco de Calipso.Como cantante solo le he oido en una de las muchas versiones que se hicieron de Sunny.¿Podrias decirme si esto es cierto?-Gracias
R.- Suena horrible lo de citarse a si mismo pero no me avergüenza: soy fan confeso de Mitchum, incluso como cantante. A principìos de año, le dediqué una entrada del blog: http://blogs.elpais.com/planeta-manrique/2013/01/el-tipo-duro-mas-cool-tambi%C3%A9n-cantaba.html-
P.- Querido Diego, tenemos un bar con una política de playlist abierta (cada cliente puede pinchar lo que quiera), ¿alguna recomendación para evitar peleas en el bar?
R.- ¡Por favor, yo quiero ir a ese bar! Apunten, me reconocerán rápido: un gachupin entrado en carnes que insiste en pinchar el “Revolution 9” de los Beatles, ese soy yo. Fijo. No, no tengo recomendaciones. Más bien, curiosidad por saber cómo funciona el experimento. Si se deciden a ponerlo por escrito, me encantaría leerlo. Hablo en serio.
P.- Hola, Diego. ¿ No has notado como yo que en las tiendas de ropa de los centros comerciales ponen mejor música que en los bares de copas? Por lo menos eso sucede en Valladolid, donde yo vivo.
R.- Elsa, que está aquí al lado, me confirma algo que yo sospechaba. Que en algunas de las cadenas de Inditex tienen muy estudiada la música que suena (de hecho, ahora recuerdo que incluso sacaron recopilatorios). En los bares de copas seguro que no cuentan con los equipos de marketing de Amancio Ortega. Ni siquiera en Valladolid (SIGUE CHISTE SOBRE PUCELANOS CENSURADO AUTOMÁTICAMENTE POR EL SISTEMA INFORMÁTICO)
P.- Sencillo, Diego. Primal Scream ¿héroes o fantasmas?
R.- Sencillo: héroes y,también, un poco fantoches. Yo les tengo ley por un concierto que les reveló como humanos. Fue en 1994, en Londres, más exactamente en el Brixton Academy, durante la presentación de “Give out but dont give up”, la continuación de “Screamadelica”. El concierto fue desangelado, como si estuvieran con la mente en otro lugar. Un desastre, sin energía ni alegria. Cuando volví al hotel, me enteré de lo que les atormentaba. Unas horas antes, se había descubierto el cadáver de Kurt Cobain. Intentaron sobreponerse pero no, no funcionó.
P.- hola Diego, habrá manera de conseguir tu libro en méxico sin que cueste tan caro? déjame te explico: si yo trato de comprarlo vía internet con alguna de las librerías que en tu país lo venden, tendría que invertir más de un mes de mi salario, pues el costo de el flete es mucho más caro que el del libro: hasta el triple de su valor, aunque te suene raro pero acá tienes varios seguidores, saludos.
R.- En eso estamos. Entiendo que sería un disparate que hicieras una inversión semejante. Hay que convencer a la rama mexicana de Planeta para que apueste por sacar una edición (y no debo decir “edición modesta”, ya que ese sintagma resulta desalentador). Volveré a insistir. Me han dicho que este tipo de testimonios ayudaría, asi que haré una copia.
P.- Te doy las gracias por la dedicatoria que me firmaste en la Feria del Libro. ¿Cómo valoras esa tarde que pasaste firmando a desconocidos?
R.- Lo pasé mucho mejor de lo que esperaba. Enfrente, había un puesto donde servían un café de primera. Las dependientas de la caseta eran increíbles: como un ballet iban cobrando, reponiendo existencias y sin perder el entusiasmo. Lo mejor fue ver a una estrella de la radio, un locutor de una emisora que ha decidido ningunear “Jinetes en la tormenta”. Estaba paseando por la Feria con (supongo) la parienta cuando, de repente, se encontró encajonado junto a la caseta donde yo firmaba. Salió pitando, dando codazos. Había cierto terror en sus ojos: “si me ve alguien, si me sacan una foto, si la cámara esa está grabando, el führer puede creer que estoy mostrando simpatía por el Manrique y se quebrara mi carrera ascendente”. Lo entiendo, oiga: con las cosas de comer no se juega.
P.- Buenos días, Diego. ¿Unas palabras sobre la reciente reedición de “La canciónd de Juan Perro”?
R.- Uh, Mogwai, debo reservarme. La reedición lleva un texto mío. Hecho de forma desinteresada, sin intercambio de dinero. Quizás lo rescate: como explicaba antes, hay que repetir las Grandes Historias (y la rockificación de Radio Futura lo fue).
P.- A ver si te animas a montar un podcast con narcocorridos. Los descubrí cuando hacías aquellos monográficos en el Ambigú y los echo de menos.
R.- En los noventa, hacía programas de narcocorridos sin grandes problemas morales: funcionaban como periodismo síncopado sobre unos personajes, unas actividades, unos mundos entonces casi clandestinos. Ahora, con las Guerras del Narco convertidas en un horror diario, me cuesta más escucharlos como simples testimonios. Tengo material abundante pero me costaría presentarlo sin el contexto.
P.- Lo peor de la crisis es que nos ha matado la imaginación. Eso es lo que he sentido al ir al kiosco y encontrarme que Ruta 66 y RockDeLux tienen al mismo grupo en portada: Kraftwerk. Unos tipos que no han sacado un disco nuevo desde hace diez años. Y el último era un refrito de su “Tour de France”. Hay crisis pero es de creatividad
R.- Sin dramatizar, Nico. Simplemente, dos revistas han coincidido en un nombre que se supone está de actualidad, por la visita al Sónar. Pero eso pasa aquí y pasa en otros países. El mes pasado ocurría lo mismo con los Rolling Stones: salían en dos mensuales británicos que no suelen coincidir, “Q” y “Mojo”. ¿Fracaso periodístico? No, simplemente los Stones tocarán en Glastonbury y el Hyde Park y un par de editores han decidido que se pueden contar cosas nuevas o, al menos, poner fotos raras.
P.- ¿Sabes qué fue de Moncho Tamames, el hijo del economista? Llevaba “Bandera Blanca”, el fanzine de U2 y no sé si sigue en ese mundo, no le veo por los foros
R.- Ah, Moncho. Yo creo que su entusiasmo respecto a U2 se enfrió tras “Rattle and hum·, cuando los irlandeses descubrieron las raíces USA. Pero quizás estoy poniendo en su boca pensamientos que pertenecían a otros miembros del colectivo “Bandera Blanca”. Creo que Moncho se dedicó luego a otros bisnes, algo me suena de una campaña publicitaria. Hace cosa de ocho años publicó un libro muy peleón contra los Estados Unidos, “La cultura del mal”. He oído que ahora vive en Ibiza.
P.- Esta es una apuesta y te hemos nombrado árbitro. ¿Cuál es el último LP de los Beatles, Let It Be o Abbey Road?
R.- Tano: no me tomes el pelo. Todo el mundo sabe o debería saber que “Let it be” salió tan flojo que parecía que iba a ser el último disco de los Beatles (de hecho, en edición sí lo fue) pero McCartney tuvo suficiente energía para obligar a los otros tres a regesar al estudio, para grabar un disco más consistente. Ese fue “Abbey Road”. La despedida, una cumbre, una exhibición de poderío antes de tirar la toalla.
P.- ¿Qué sabes de Carlos Galilea? Le sigo en la radio pero ya no escribe nada. Da miedo preguntarlo pero ¿le ocurre algo? Nos descubrió tantas músicas!
R.- Que yo sepa, no le pasa nada a Carlos. Ha estado muy liado con un libro, aunque no ha descuidado sus programas en Radio 3. Pero no te puedo decir más: yo mismo le he mandado mensajes que no han tenido respuesta. Hace unos años, Carlos estaba muy indignado por una mala costumbre que se ha instalado en la prensa española. Indignación que comparto: dejó de funcionar lo que los estadounidenses llaman el “kill fee”. Anteriormente, si te encargaban un texto y no se publicaba, tenías derecho a una compensación, el citado “kill fee”, y a mover el arículo por si otros medios estaban interesados. Desde el AC (Año de la Crisis), ya no se cumplen con esas sencillas cortesías y los freelancers, los colaboradores, nos sentimos maltratados. Se te amontonan textos en el limbo, dejándote ern mal lugar con artistas, managers, discográficas. Y ni siquiera te otorgan el consuelo del “kill fee”, ellos, que tanto admiran al periodismo made in USA.
P.- Buenas tardes Diego. En una lista publicada en un medio británico escogían a las 21 personalidades más ingeniosas de la historia de UK (excluyendo cómicos). El primero era Oscar Wilde y el segundo Churchill, pero lo que me llamó la atención fue que el quinto era Noel Gallagher y el doceavo su hermano Liam. También estaba por ahí Rod Stewart. Tú que les conoces, ¿tan graciosos y ocurrentes son? ¿Qué otro músico podría estar ahí? Gracias maestro.
R.- Va de broma ¿no? Ninguno de las tres “rock stars” que mencionan podría servir ni de limpiabotas para Oscar Wilde. El tocar música seguramente impide que conecte la neurona A con la neurona Z, así que no esperes fuegos verbales de la categoría de Wilde o Churchill. Puede haber maestros del “pout down” (el corte) o esgrimistas del insulto pero no, no ingeniosos de esa categoría.
P.- ¿Me puedes explicar que es eso del freakbeat? Con todos los años que he venido siguiendo el pop de los sesenta, nunca jamás había oído ese término.
R.- Se trata de una categoría sobrevenida. Como el “northern soul” o el “garage rock”, se trata de inventos de DJs y coleccionistas. Se revalorizan determinados discos y se crean dioses a partir de artistas que igual ya no funcionan. El “freakbeat” es un suspiro de movimiento, el eslabón entre la música “mod” más dura y la primera psicodelia. Se aprovechaba la tecnología para modificar el sonido de los instrumentos, se acentuaba la diferencia generacional con cierta arrogancia.Intenta pensar en The Who antes de descubrir el disco conceptual o los Yardbirds menos blueseros. Por ahi.
P.- ¿Dices en serio eso de que hay que hacer un recopilatorio del noise y el indie pop que se hizo en España en los años noventa? O habría que decir “Spain”
R.- Sí, urge. Todavía se puede localizar a los músicos, a los creadores de sellos, a los periodistas más astutos. Desdichadamente, fue una época de Todo Vale y se colaron todo tipo de indocumentados. El plan sería recuperar las grandes canciones (existosas u olvidadas), reivindicar los proyectos que se quedaron a medias, hacer un retrato psicológico de aquella generación. Cada vez es más dificil que una panorámica así se concrete en un bonito libro con (digamos) un doble disco pero la opción contraria sería desaparecer en la irrelevancia cultural, en el ruido de fondo, en los foros de fans cegados.
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