Pregunta.- Su Jardín abandonado se refiere a la pérdida de la infancia…?
Respuesta.- Hola, Jose. Los pájaros del título son los niños que crecen y abandonan el jardín.
P.- Su libro, tan recomendable, me hizo sonreír y me emocionó. Le sigo y admiro cómo escribe y le debo el contagio de una de sus pasiones, los libros de Patrick Modiano.Y además…parece usted una persona buena ¿es una falsa apariencia? Le ruego conteste a la segunda pregunta
R.- Gracias, Margaret, por todo lo que me dices. En cuanto a lo último, es difícil saber si uno es una buena persona. Se intenta, pero eso han de decirlo los otros. un abrazo.
P.- Buenas tardes ¿No cree que el teatro se está contaminando de rostros bonitos que no actúan bien? Pienso que son imposiciones por la taquilla pero cada vez se buscan obras menos personales y se rechaza sin razón a actores desconocidos que son notables. ¿A qué cree que se bebe?
R.- Hola, Erland. Yo veo mucho talento últimamente en el mundo del teatro. y acerca de la guapura… bueno, no es determinante. Hay gente atractiva que no funciona en escena y todo lo contrario. En cuanto a los actores desconocidos que son notables… hay muchos que eran desconocidos hasta que dejan de serlo. No tengo opiniones generales sobre el mundo del teatro: intento ir obra a obra, actor a actor. Y hay, por suerte, muchas sorpresas.
P.- ¿No le parece qué realmente el amiguismo es lo que ha primado en la temprada dirigida por Ernesto Caballero en el CDN?
R.- Hola, Ingmar. No conozco a los amigos de Ernesto Caballero, aunque los directores acostumbran a llamar a gente a la que conocen y en la que confían. Como en todo, es una cuestión de equilibrio.
P.- Hola, Marcos. ¿Has escrito (o tienes pensado escribir) alguna novela policíaca?
R.- Me encantaría, pero es un género endiabladamente difícil.
P.- ¿Por qué cree que se apoya tan poco a los autores naciones? ¿Por qué es tan difícil llegar a representar algo si no sales en la tele?
R.- Hola, Gunnar (hoy estamos muy begmanianos, por lo que veo). Yo creo que en las últimas temporadas están aflorando muchos autores y autoras nacionales, y actores que no necesariamente salen por la tele. Por otro lado, en televisión hay actores y actrices extraordinarios. No tengo prejuicios en ese sentido. El problema, creo yo, es que está resultando muy difícil hacer teatro, “seguir” en el teatro, y la cosa no cambiará hasta que no modifiquen esa insensatez del IVA (entre otras cosas).
P.- Señor Ordóñez, ¿me equivoco o usted ya supo que quería ser escritor antes de la adolescencia? ¿Podría entender su vida sin la literatura?
R.- Sí, lo supe (o lo deseé) muy pronto, como cuento en el libro. Me picó el virus hacia los cinco años. Y tardé mucho en conseguir escribir algo decente. No sé si podría entender mi vida sin la escritura. Diría que no, pero nunca se sabe.
P.- Se supone que hay que tener talento, pero donde se puede aprender a escribir tan bien como usted lo hace? Y cómo su memoria puede mantener tan vivos esos recuerdos de la infancia, tan hermosamente escritos?
R.- Es usted muy amable. Ahora acababa de decirle a un lector que tardé muchos años en lograr escribir algo mínimamente decente. Y cada día pienso que lo que hago podría hacerlo mejor, y que nunca llegaré a parecerme a los escritores que admiro. Creo que hay que intentar escribir todos los días, y leer mucho, y mirar mucho, y escuchar mucho. Y no desdeño las escuelas, ni mucho menos: ponen en contacto a aprendices de escritores y siempre hay algo que aprender. Siempre, cada día. En cuanto a la memoria, de momento va funcionando, gracias a Dios. También sucede que escribir es una forma de pensar, de sentir, de recordar. Te acuerdas más y mejor cuando “entras” en un texto.
P.- Hola, Marcos. Alguna de las personas que mencionas en tu libro y a las que, presumiblemente, no has vuelto a ver desde tu infancia, ¿se ha puesto en contacto contigo después de leer la novela? ¿O yo he interpretado como biografía lo que en realidad es ficción? Sea biografía o ficción, el libro me ha encantado, felicidades.
R.- Hola, Jaume. Hará dos semanas tuve la inmensa fortuna de recibir una llamada de Rita Rigolfas, la maravillosa mujer que me descubrió “El fantasma de Canterville”, y a la que no veía desde hacía cincuenta y dos años. Fue extraordinario volvernos a ver y, además, me trajo aquel ejemplar que me inoculó el virus… ¡Increíble! No tengo espacio aquí para contar todas las sensaciones de aquella tarde. Gracias por tus palabras.
P.- 5. Llama la atención que ni aparezca el colegio (al menos, hasta donde he leído). ¿Cómo ha elegido las escenas a las que se circunscribe? ¿Cómo maneja los recuerdos que afloran por sí mismos y los que, tal vez, debe buscar afanosamente?
R.- Hola, Carlota. Sí, sí aparecen, en la última parte. Uno no sabe como elige las escenas. Algunas se imponen por sí mismas, otras son interesantes narrativamente, aunque suelen coincidir. Lo importante, creo, es dejar de lado la anécdota y buscar siempre la historia, pero sin sobrecargarla de sentido.
P.- Hola, Marcos. Tras escribir la novela, ¿ha aprendido algo sobre usted mismo que no supiera antes de empezarla o quizás ese Marcos niño siempre ha estado presente en su memoria?
R.- Aprendí – o lo iba aprendiendo a medida que escribía – que tenía una deuda de gratitud con mucha gente. La cita del principio, “Thank You for the days/those blessed days, those sacred days/you gave me” llegó al final. Y el “You” es plural, desde luego. (Y, sí, el Marcos niño siempre ha estado y está presente, pero a veces primó más el adolescente).
P.- 3. Un lenguaje espléndido, rico, natural, muy barcelonés, que combina el registro de los 60 con el actual. ¿De qué fuentes nutre su lenguaje? 4. Mientras lo escribía, ¿en qué lector pensaba, directa o indirectamente? ¿Miraba a alguien por el rabillo del ojo? ¿Se colaba alguien a espiarle por encima del hombro?
R.- Gracias, Carlota. Nunca se sabe de dónde sale el lenguaje escrito (para bien y para mal). Hay diez mil influencias, y está bien que así sea, pero tenía dos nortes absolutos, inalcanzables: “Habla, memoria”, de Nabokov, y “Quemar los días”, de James Salter.
P.- De todos sus libros, ¿cuál le ha costado más escribir? ¿Y cuál cuál le ha supuesto un trabajo más placentero? Muchas gracias.
R.- Me costó mucho “Una vuelta por el Rialto”. He sido muy feliz con este. Y con “Detrás del hielo” y “Comedia con fantasmas”.
P.- ¿Qué dificultades ha encontrado al pasar de la escritura de teatro a la de narrativa? ¿Qué le impulsa a un dramaturgo a expresarse mediante la prosa? ¿Qué no le satisface artísticamente del teatro? ¿Qué le interesa más de la prosa, el adjetivo o el sustantivo? Muchas gracias, enhorabuena. Diego .
R.- Hola, Diego. Bueno, de entrada, yo no soy dramaturgo ni de lejos. Cometí una obra hará muchos años pero no reincidí. Sigo reincidiendo en narrativa, periodismo y crítica. Lo que más me interesa de la prosa es intentar expresar con una cierta elegancia y claridad lo que quiero decir. Una de las cosas que más me gustan del teatro es su noción de equipo, de familia. Creo que los grandes directores son “creadores de familias”. un abrazo.
P.- Felicidades por un libro delicioso, de una gran elegancia ética y estética, que justo estos días estoy leyendo. 1. ¿Por qué le llaman novela? ¿Porque %u201Cuna gota de ficción lo tiñe todo de ficción%u201D? ¿Porque se vende mejor así? ¿Porque, en efecto, se trata de una novela? 2. ¿Cuál sería su filiación literaria? Autores u obras que le han influido; o, al menos y en esta línea memorialística, que le hayan gustado.
R.- Gracias, Carlota. No sé si una gota de ficción lo tiñe todo de ficción. Si esa gota de ficción atrapa un espíritu, un eco, un perfil y lo hace con veracidad, para mí ya es real. Supongo que le llaman novela porque si dices “memorias” te envían a una estantería lejana, pero hay elementos novelescos, desde luego. ¿Hasta qué punto estás seguro de que lo que recuerdas es verídico o “compuesto”, “novelizado”? Eso por lo que se refiere a la propia experiencia, pero cuando hablas de recuerdos ajenos (y el libro no sólo “cubre” mi infancia sino muchas historias familiares, que arrancan a finales del XIX) también se noveliza, porque no lo viviste en primera persona. Da igual: lo que importa, ya digo, es que sea veraz, y más vívido que vivido. La filiación es muy amplia. Otro día. Un fuerte abrazo.
P.- Admirado Marcos, ¿quiénes son, en su opinión los referentes intelectuales de este país, en estos momentos?
R.- Hola, Flashman. En estos momentos, cualquier persona que piense con sensatez, con amabilidad, con generosidad y con sentido del humor ya es para mí un referente intelectual y vital.
P.- Estimado Marcos: ¿tenía muy claro desde el principio lo que quería incluir en su libro o hubo en algún momento una versión mucho más larga que tuvo que podar? ¿Escribe primero la estructura de sus novelas o se lanza directamente y luego va puliendo? Aprovecho para felicitarle por Un jardín…Espero que tenga el éxito que se merece.
R.- Hola, Mercedes. Una gran parte de lo que se rodó se montó, para decirlo “en cine”. Otra cosa son las secuencias que cambiaron sobre la marcha, bien porque se fueron hacia otro lado, bien por incompetencia. Intento estructurar mucho. O sea que hay mucho guión, y un continuo reescaletaje. No comienzo a rodar, para acabar ya con el símil, hasta que no he anclado bien (o eso creo) el guión. Luego reescribo, reescribo, reescribo… que es más barato que filmar y filmar. gran abrazo!
P.- Hola Marcos. En primer lugar gracias por toda la labor de divulgación y de amor que haces hacia el teatro. Mil gracias. Mi dos preguntas ¿qué montaje teatral guardas en el recuerdo de una manera especial? ¿Te atreverías a darme un nombre de un director de escena que pienses esté sobrevalorado? Gracias de nuevo
R.- Hola, Andrés Vicente. Como me temo que antes no he dado a la tecla correspondiente, te contesto de nuevo. (Si la respuesta aparece repetida, ustedes disimulen). Infinitos espectáculos maravillosos! Selecciono dos: la primera “obra adulta” que vi, LA HORA DE LA FANTASÍA, de Anna Bonacci, dirigida por el gran José Luis Alonso, allá por el 68, y el MAHABHARATA del inmenso Peter Brook, que me teletransportó al mismísimo corazón de su fábula.
P.- Su libro acaba al final de su infancia (o de su primera adolescencia). ¿Piensa escribir otro sobre la segunda parte de su adolescencia y su juventud? Si lo hace, ya tiene un lector asegurado. Somos de la misma generación, y usted es capaz de describir como pocos un mundo que también es el mío, pese a no haber vivido en Barcelona. ¡No sabe cómo envidio esa capacidad suya!
R.- Hola, Patxi. Me dicen que acabe ya, o sea que voy rápido. Mucha gente (bueno, alguna) me ha dicho lo que tú: que por qué no escribo una segunda parte centrada en los 70-80. Ya se verá; de momento hay dos libros en cartera. (En el relato central de “Turismo interior”, por cierto, hay un paseo un tanto alucinado sobre esa época). gran abrazo!
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