Pregunta.- ¿Cuál es el mejor destino posible?
Respuesta.- Al que te lleve el aire. Si te lleva a Iberoamérica, déjate llevar. O al Africa negra.
P.- ¿Cuánto dinero se ha gastado en viajes?
R.- Mucho, y no más porque no tengo.
P.- ¿Qué es viajar, además de un lujo?
R.- Para algunos, una necesidad. Más que el destino, es el camino y los encuentros.
P.- En la foto no tiene mucha pinta de viajero…¿cambia mucho durante sus travesías?
R.- El médico de la expedición Queztal dice que cuando llego me pongo el sombrero y ya estoy disfrazado. Sí que se cambia, pero no sólo de ropa. Se cambia también por dentro.
P.- ¿Por que en las fronteras de EEUU son tan quisquillosos?
R.- La policía de emigración yanqui es lo más parecido a la Gestapo que me he encontrado en mi vida. Y si tienes apellido hispano, todavía peor. Si no eres norteamericano, eres un ser sin derechos. No te dejan hacer ni la famosa llamada.
P.- ¿Qué rincón del mundo elegiría de todo lo que ha visto?¿Por qué?
R.- Macuro, en Venezuela, o Mombo, Botswana.
P.- ¿Ha temido por su vida alguna vez?
R.- No queda bien, pero nunca. Mal lo he pasado en Los Angeles, por culpa de una china.
P.- ¿Escribía notas a diario?
R.- Sí. Utilizo la noche, aunque esté muy cansado.
P.- ¿Le gusta viajar solo?
R.- No obligatoriamente. He viajado con Miguel de la Cuadra, con todos los chicos de la Ruta Queztal y me lo he pasado divinamente. Un buen amigo vale de mucho. Uno de mis compañeros favoritos es Pedro Cáceres, de El Mundo.
P.- Viaja con todo lo más posible atado o prefiere que el azar sea su guía
R.- A mí sí me gusta llevar billete de vuelta. Pero soy muy dado a cambiar los itinerarios, si algo interesante se cruza por el camino.
P.- Aparte del sombrero, ¿qué objeto importante llevaba siempre consigo?
R.- Una máquina de fotos y unas botas de repuesto.
P.- Que tiene el Periodismo que no tenga la literatura?
R.- Inmediatez.
P.- ¿Qué situación le ha impresionado más durante sus viajes?
R.- Estudiar con un ranger sudafricano la estructura social de los leones. Es cruel, terrible y vi cómo echaban de la manada a una hembra enferma a la que esa noche devoraron las hienas.
P.- Para comer, como en España, en ningún sitio, ¿no?
R.- No te quepa la menor duda, pero con hambre están buenas hasta las arepas.
P.- Es verdad que su salida del semanario Tribuna fue bastante tortuosa?
R.- Mi salida fue voluntaria pero triste. Aun más triste fue cuando al año de ésta, se cerró el semanario.
P.- ¿qué tal las mujeres samoanas?
R.- No sé. Es el lugar del mundo donde menos posibilidades existen para la lujuria. Los misioneros han convertido aquella tierra en su reducto y el lugar del mundo donde más se lee la Biblia y más se respetan todos los preceptos religiosos. Y, por supuesto, el sexto mandamiento.
P.- ¿Tiene alguna relación su afición por la pesca con su afán viajero?.
R.- La naturaleza me ha llevado a la caza y a la pesca. A mi estilo, muy conservacionista, eso sí. Y todo ello también a viajar. El encuentro con la naturaleza y algunos paraísos naturales de la tierra han estado en el origen de algunos viajes.
P.- Ud. dice que perteneció cuando era joven a una generación que lucho por la libertad y democracia ¿ cuales son los motivos por los que lucha la generación joven de hoy?
R.- Los jóvenes vascos aún tienen pendiente esa lucha con sus libertades amenazadas por ETA. Me preocupa el desinterés de los jóvenes por otra cosa que no sea su propio placer.
P.- ¿Cuánto ha tardado en escribir este libro?
R.- Dos años de viajes y uno para ponerlo en el papel.
P.- ¿Prefiere en su literatura la ficción o la realidad?
R.- He disfrutado mucho con mis últimas dos novelas, El río de la lamia y Nublares, de la que ahora preparo su «continuación», que se llamará El hijo de la garza. La prehistoria me fascina, sobre todo al darme cuenta que la imagen que tenemos de nuestros ancestros es tópica, estúpida y soberbia. Eran en inteligencia y en pasiones igual que nosotros. Eso sí, sin móvil.
P.- ¿A qué escritores “clásicos” admira?
R.- A London, Conrad, Poe. Y, españoles, Cervantes, Delibes y unos mil más.
P.- Me gustaría saber desde cuándo le atrae de ese modo tan auténtico la naturaleza y por qué?
R.- Porque nací en un pueblo de Guadalajara (Bujalaro) y yo mismo era parte de esa naturaleza.
P.- a mí usted de qué me suena?
R.- Pues vaya usted a saber.
P.- ¿Cómo te asesoras, por ejemplo, en el Río de la Lamia, para describir tu historia tan exactamente?
R.- La historia, las leyendas y los territorios trufados por ambas cosas, son quizás el motor que preside muchos de mis libros.
P.- Hay que dejar el Periodismo antes de que sea demasiado tarde?
R.- Hay que intentar que no te jubilen demasiado pronto.
P.- Qué hay en el otro lado del mundo que no haya en mi pueblo? (De parte de un apasionado de los viajes)
R.- El ejército samoano desfilando con falda. 200 tíos como 200 castillos desfilando con falda.
P.- ¿Cuáls (destinos) son esos siete viajes a los que se refiere el título de su libro?
R.- Orinoco, Tierra del Fuego, Selvas de Panamá, Kruger, OKabango, Samoa y Sierra Madre mexicana.
P.- ¿Qué le han enseñado los viajes?
R.- A ser humilde. Allá donde llegues seguro que ha llegado antes un gallego.
P.- ¿significa que por esa razón no le gustó Samoa?
R.- Podía haber estado mejor pero Samoa me gustó mucho. Sobre todo, la visita a la casa y al recuerdo de Stevenson, al que los nativos siguen llamando Tusi-Tala, el contador de historias.
P.- ¿POr qué viaja? Necesidad, huir, conocer…
R.- La respuesta a eso es otra pregunta: ¿por qué hay horizonte?
P.- ¿Nunca ha pensado quedarse en uno de esos viajes y no regresar nunca?
R.- En Isla Colón, colgué mi hamaca en el cobertizo de una especie de bar. Me contraté de barman y allí escribía. Pero estoy seguro que al cabo de un tiempo hubiera deseado el regreso.
P.- No se le acaba la energía vital y viajera con los años? Parece usted inagotable.
R.- Lo que me tenía agotado era el trabajo ejecutivo, pero sí es cierto que las piernas ya no rinden como antes. Así que me temo que no podré escalar el Everest. Tampoco me importa mucho, pero espero sí llegar a las faldas del Himalaya.
P.- ¿Cuál es su próximo destino?
R.- Pues voy a ir donde Pantaleón y las visitadoras, o sea, a la frontera amazónica entre Perú y Ecuador. Y desde allí a los Andes peruanos.
P.- Opina que internet va a acabar con las publicaciones en papel? Algún proyecto suyo en la web? Gracias
R.- No creo, la verdad. Me pilla un poco viejo, pero la verdad es que me estoy enganchando y cada vez utilizo más la red. Así que cualquier día, eso sí, con ayuda, porque soy un cenizo con lo de la técnica, habrá que hacer algo.
P.- Viaja para escribir o escribe para viajar?
R.- Es el huevo y la gallina. Me gustan los huevos fritos y las gallinas en pepitoria.
P.- ¿Se hubiese atrevido a hacer lo de la familia vasca?
R.- No. Pero me ha sorprendido al oírles después que ellos han pasado por el mundo pero parece que el mundo no ha pasado por ellos, dadas algunas de sus afirmaciones.
P.- ¿Cuál es el medio de transporte que más le gusta?
R.- El tren. Los viejos trenes. Es donde más se conecta con la gente, aunque la verdad es que donde los viajeros más relacionamos es en los bares. Al primer sitio donde va un viajero español a descender de avión, tren, autobús, etc, es a un bar.
P.- ¿Por qué ya no se le oye en las noches de RNE?
R.- Porque ahora estoy en La Brújula, de Onda Cero.
P.- ¿Tienen algo en común este libro de viajes con su anterior novela: Nublares?
R.- No mucho, pero en ambos se trasluce la pasión por la naturaleza.
P.- ¿Creo que Otegui y Arzaluuz han viajado poco? ¿Usted también lo cree?
R.- Para ambos el problema no es viajar, es mental.
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