Pregunta.- He leído que esta Historia está planteada bajo la especie de una Historia de la Cultura Española: ¿qué aspectos de esa supuesta historia de la cultura española pueden ahora resultar relevantes, innovadores u originales en la construcción del relato histórico de la literatura en lengua española?
Respuesta.- La literatura no es un territorio exento. Es algo que expresa -con sus medios específicos: el lenguaje- una compleja construcción del mundo: en definitiva, es una cultura. Esta Historia pretende hacer visibles las muchas implicaciones del proceso. Y en ese orden, yo puedo hablar de los episodios culturales que han sido relevantes en la trayectoria de mi volumen (1900-1939) y que conciernen a la historia general de la cultura: hechos como vanguardia y retorno al orden, como El Greco y como el concepto geográfico de meseta, como el simbolismo o como el compromiso político, como el nihilismo o como el modernismo religioso.
P.- Nadie mejor que usted para hacerle la siguiente pregunta: ¿ hay escritores españoles comparables en el grado de absurdo a Eugene Ionesco?
R.- Por supuesto que sí. Ramón Gómez de la Serna fue un autorizado explorador de lo absurdo. Y, de otro modo, también lo fue Quevedo. O, volviendo a los modernos, escritores como Baroja y Antonio Machado que tuvieron ese componente nihilista que es necesario para confrontarse con lo absurdo.
P.- En los años 70, las familias medias españols leían Cien años de soledad , Conversaciones en la catedral y Tiempo de silencio. En nuestros días, La sombra del viento, El alquimista y La catedral del mar. ¿Está cayendo el nivel de lectura de los españoles o es sólo mi imaginación? Muchas gracias.
R.- En los años setenta se leía bastante menos, de entrada. Hoy se lee mucho más y, por debajo de los géneros recreativos o de los éxitos de venta, siguen existiendo los lectores de fondo, fieles a lecturas de siempre o que saben escoger autores más allá del ruido. Cuando uno mira lo que lee la gente en los transportes públicos -y yo confieso que lo hago- se encuentra agradables sorpresas…
P.- ¿Toda la poesía interesante -y que cuenta, por tanto- en este “entresiglos” es “de la experiencia”?
R.- Por supuesto que no. La llamada poesía de la experiencia ha sido un capítulo necesario y creo que fecundo. Y seguramente lo fue también el antagonismo de una poética distinta. Pasada la polémica, en la poesía de hoy se encuentran poetas de una experiencia intelectual o cultural y poetas de la experiencia vital que la han convertido en una inquietante reflexión moral. Al cabo, prevalece lo mejor y afortunadamente nadie dejará de leer a Andrés Sánchez Robayna o a Olvido García Valdés, pongo por caso, porque lea a Luis García Montero o a Carlos Marzal. Yo me siento muy a gusto con los cuatro.
P.- Sr. Mainer, permítame esta pregunta directa: ¿Debieramos hablar de Historia de la literatura española o de las literaturas españolas?
R.- El término de literatura española es una convención que aquí define el uso de una lengua que llamo indistintamente castellana y española porque ninguno de los dos nombres es ilegítimo (si no se usa con mala intención). Y secundariamente, en nuestro caso, esa convención se extiende a la articulación política de un veterano Estado europeo, lo que hace que yo no hable de las letras latinoamericanas en español. Por eso, yo hablo de los artículos de Maragall o de dOrs escritos en castellano y no de su obra escrita en catalán. Pero también recojo sensibilidades diferentes del hecho de lo español: desde la de Unamuno a la Valle-Inclán o de la de Maeztu. Historia, literatura y español/española son conceptos culturales, no esencias inmutables, como recuerdo en el prólogo general a la Historia. Espero que otros amables comunicantes verán respondida a sí su curiosidad por ese tema…
P.- Mi canon de autores en español de estos últimos años es Javier Marías, Roberto Bolaño y Antonio Muñoz Molina. ¿Cree que se puede ir tranquilo por la vida leyendo a estos tres maestros?
R.- Me parece una buena elección que ratifica, por cierto, el nombre que ha elegido… Por supuesto, se puede andar por la vida con esos tres escritores que seguramente recomendarían, a su vez, a algún otro: a Coetzee, a Borges, por ejemplo…
P.- ¿Qué grandes escritores de la literatura española ud. considera que han quedado injustamente en el olvido ?
R.- El olvido tiene la naturaleza del purgatorio: se entra y se sale. Y hay purgatorio de críticos y purgatorio de lectores, que no coinciden exactamente. Baroja conoció el primero pero nunca el segundo; Gabriel Miró padece injustamente el de lectores y tiene, en cambio, excelentes críticos. Quizá lo peor es vivir en el purgatorio de las hipocresías ceremoniosas: ser un escritor celebrado y citado al que no lee nadie. Es una injusticia que quizá le está sucediendo a Unamuno…
P.- ¿Qué opina sobre los best sellers? ¿Es un libro mejor que otro por venderse más?
R.- La condición de best seller es un accidente que conoce muchas causas, de las que unas pocas tienen naturaleza literaria. Una de ellas, y no desdeñable, es la oportunidad de haber dicho -mal o bien- lo que la gente estaba esperando. Pero otra cosa es el best seller fabricado sobre receta del best seller anterior Estoy, por supuesto, atento a los primeros y sinceramente no leo casi nunca los segundos porque ya nos los cuentan las reseñas.
P.- Se pasó el centenario de Luis Felipe Vivanco (1907) sin apenas ningún recordatorio cultural. ¿Hasta cuándo se le va a seguir considerando un “miembro” de la generación del 36, pero de inferior categoria?
R.- La posteridad ha sido muy injusta con Vivanco, ciertamente. Si existe la generación del 36 -que a mi parece un concepto demasiado marcado por la historia-, el autor de Continuación de la vida o de Prosas propicias es uno de sus grandes representantes: puede que el de trayectoria personal más coherente en un tiempo nada fácil para eso. Estoy deseando que alguien reimprima -ampliados a ser posible- los Diarios que se publicaron hace años: son un documento vital espléndido.
P.- ¿A qué se debe la incultura en España? Si uested fuera Ministro de Educación y Cultura, ¿qué es lo primero que haría para atajar esta situación?
R.- Nunca seré ministro de nada, pero tampoco me dejaré de quejar de este país rudo y desconfiado ante la cultura. El remedio está en la escuela: si allí no se adquiere sensibilidad, conocimientos, respeto a quien los tiene, desdén por lo que sólo hace ruido… no iremos a ninguna parte, aunque lo haremos -eso sí- con el visto bueno de algunos pedagogos horteras y de los sociólogos aficionados. El escaso prestigio de la escuela en la vida nacional es un signo claro de la vulgaridad autosatisfecha va subsistir por encima del espíritu crítico.
P.- Buenas tardes Sr.Mainer, actualmente como ve y valorar la literatura española, frente a otras como por ejemplo la anglosajona.
R.- Si al término literatura anglosajona contrapone Vd. el de literaturas hispánicas, no veo la pugna tan desigual: en la América Latina de hoy hay literaturas de primer orden. La nuestra, la peninsular, no vive un mal momento, ni mucho menos, desde los años ochenta hasta la fecha. Y que siga…
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