Pregunta.- ¿Qué hace un escritor como usted en un sitio como Internet?
Respuesta.- Eso me pregunto yo en este momento.
P.- ¿Dónde está la Cábila?
R.- Es, en mi pueblo de Villafranca del Bierzo (León), el barrio que está del otro lado del río. Pero la Cábila es el nombre alegre y heterodoxo, y por eso me gusta más.
P.- ¿Cuánto ha tardado en escribir Cuentos de la Cábila?
R.- Suelo tardar mucho, creo que demasiado, en producir mis libros. Pero este caso es una excepción: digamos diez o doce meses.
P.- ¿Vive en Villafranca del Bierzo?¿Cómo ve la gran ciudad?
R.- Vivo en Villafranca pero resido en León y en Madrid. Creo que mis lectores entenderán la diferencia entre vivir y residir.
P.- ¿Escribe a diario?
R.- Escribo no a diario, aunque redacto todos los días. También aquí hay una diferencia sutil porque el término de escribir lo reservo para la creación más pura, y sin gangas.
P.- ¿Escribe pensando en un lector?
R.- No en un lector concreto, por supuesto, pero sí pensando en mi propósito de producirle al lector un efecto, el sagrado efecto único que postulaba Poe para los cuentos.
P.- ¿Dónde se encontraría usted si hoy tuviese 25 años?
R.- Quisiera encontrarme aquí mismo, en este encuentro donde me rodea gente de esa edad y, sobre todo, gente con espíritu joven.
P.- ¿Cómo surge el humor?
R.- Lo llevo dentro y me parece que brota sin necesidad de mayores estímulos.
P.- un libro para tenerlo pegado a la piel…
R.- No entiendo la pregunta, pero si me gusta que mis libros pasen a convertirse en un compañero muy íntimo y cercano para el lector.
P.- Las preguntas del millón: ¿por qué empezó a escribir?¿Y por qué sigue escribiendo?
R.- Empecé para conquistar a las chicas de mi pueblo, y más aun a las forasteras del verano. Pero se ve que eso crea adicción y aquí estoy ya sin remedio.
P.- ¿Tiene alguna manía a la hora de ponerse a escribir?
R.- No una sino muchas, por ejemplo no puedo escribir si a mis espaldas hay una puerta abierta. Sabe Dios lo que pueden venir a hacerte.
P.- Antonio Pereira, es Villafranca un lugar de paso hacia la misteriosa eternidad de los inmortales?
R.- Esta es una pregunta metafísica difícil de contestar a esta hora de la mañana. Habría que hacérmela a las ocho de la noche, que es la hora del vino amigo y de los sueños.
P.- ¿ómo le ha influenciado El Bierzo en su obra?
R.- Supongo que el paisaje, el carácter, la situación intermedia y diríamos de mestizaje entre Castilla y León con Galicia, me han influido.
P.- Un consejo para el que empieza a escribir
R.- Leer y leer. Escribir y escribir. Saber romper y olvidar lo que no ha granado.
P.- ¿Qué otros cuentistas señalaría del panorama actual español?
R.- Del panorama actual no me gusta hablar si no es en presencia de mi abogado.
P.- ¿Tiene algún momento del día para escribir o lo deja al azar?
R.- No tengo un momento exacto. Sobre todo ocurre que escribo y me echo al bolsillo el texto y luego ando por el mundo trabajando en él, en el café, en el autobús o apoyado en una pared de la calle.
P.- ¿Escribe con la pluma, con el ordenador o a máquina?
R.- Escribo a mano y yo mismo hago un primer estado mecanográfico en una vieja y querida portátil, nada de eléctrica, de las de aporrear las teclas. Ordenador, nada.
P.- ¿A qué huelen los cuentos que escribe?
R.- Quisiera que incluso los más nostálgicos no olieran nunca a naftalina o a desván.
P.- ¿Cómo se siente más a gusto: como novelista, poeta o cuentista?
R.- Siempre me he considerado poeta, lo mismo cuando escribo en renglones cortos y medidos que llaman versos que cuando escribo todo seguido.
P.- ¿Le gusta el cine?¿Qué director?¿Qué película?
R.- Es tremendo tener que citar una única preferencia. Pongamos Amarcord, de Fellini.
P.- Siento a veces que un cuento puede ser el mejor poema, qué opina?
R.- Opino lo mismo, y mucho más con la libertad actual sobre el entendimiento de los diversos géneros. En mis libros de cuentos hay textos tan próximos a la poesía que no tendría inconveniente en incluirlos en un Adonais.
P.- ¿Para qué sirven los premios?
R.- Pueden servir para publicar y ése es su mejor servicio. También, pero en lo negativo, para engañar al premiado con que después del premio todo el monte es orégano.
P.- ¿Es verdad que es Vd. un maniático de las erratas de imprenta, que relee mil veces los textos?to
R.- De una editorial, madrileña por cierto, me expulsaron físicamente, quiero decir que me empujaron hacia la puerta para que no volviera con correcciones al libro que estaba a punto de entrar en máquinas.
P.- ¿Le gustaría que sus cuentos fueran llevados al cine?
R.- Alguno ya lo fue (Las peras de Dios, en una película que se llama El filandón), pero prefiero con mucho la expresión puramente literaria. Que las imágenes de mis cuentos las ponga el lector.
P.- ¿La experiencia de la vida es importante en su obra?
R.- Claro, mi obra está hecha de experiencias pero enriquecidas por las intuiciones y los sueños.
P.- ¿Con qué ojos ve la vida un autor veterano?
R.- Un poco fatigados de lo mucho que ha visto, pero enriquecidos por el aprendizaje de saber mirar.
P.- ¿Les relata cuentos a sus nietos?¿Suyos o de otros?
R.- No escribo cuentos para niños y creo que los niños deben leer y oír las mismas historias que los mayores, salvando algunas obvias precauciones fáciles de entender.
P.- ¿Son los sueños fuente de inspiracion de historias?
R.- Los sueños que uno tiene despierto, sí. Los otros, los de las sábanas blancas, se me olvidan y evaporan.
P.- Los Cuentos de la Cábila poseen un componente autobiográfico muy grande, sin embargo supongo que la ficcción también tiene hueco, ¿en que porcentaje?
R.- La pregunta parece exigir una solución matemática. ¡Un porcentaje! Sí diré que lo importante en todo el libro es la ficción, pero que ciertamente está urdida sobre un bastidor claramente memorioso.
P.- ¿Se puede superar la brevedad de “El Dinosaurio” de Monterroso?
R.- Hay quien lo intenta, pero me parece un juego estéril.
P.- ¿No cree que los cuentos nos aportan la dosis de imaginación y fantasías que hacen la vida más soportable?
R.- Absolutamente cierto, y esto vale para todos los géneros literarios e incluso para el arte en general.
P.- cuando empezo su amor por la literartura
R.- Muy temprano y lo digo sin orgullo. Fui un escritor precoz (aunque un publicador de libros tardío) y ahora pienso que mejor que cada cosa tenga su tiempo.
P.- ¿Qué opinión tiene de la salud actual del cuento en España?
R.- En franca mejoría y con un pronóstico favorable.
P.- Pereira, entre conductor de autobús de línea, párroco o alcalde de su pueblo, qué destino eligiría?
R.- Descarto lo de párroco por lo de la castidad, que se le supone. También lo de alcalde, porque siempre estaría temeroso de que se hundieran las farolas, o desgracias así. Me quedo con el autobús.
P.- Tus cuentos son breves, ¿lo bueno si breve, dos veces bueno?
R.- Hay en mis cuentos, de todo. Ultimamente tiendo mucho a la brevedad, pero pienso cuidarme porque tampoco el cuento puede quedarse en el chasis.
P.- ¿Ha escrito algún cuento perfecto?
R.- No, por supuesto. Dios mismo escribió el cuento de la creación, y sin ánimo de faltar a la divinidad, algún defecto ha quedado por ahí.
P.- ¿Tiene la llave que abre el secreto de los cuentos?
R.- Tengo un manojito de llaves, pero como estoy en pleno ejercicio y con cuerda para rato, no lo voy a entregar ahora a mis competidores.
P.- Don Antonio, por qué es el cuento su género prefierido.
R.- Porque soy perezoso. Si un cuento sale, no hay que estar meses y meses echando trasero en la silla en la fabricación de una novela.
P.- Cree más en Dios o en Santo Tirso?
R.- Santo Tirso es patrón de los huesos, y dentro de unos días saldrá en procesión en Villafranca. Creo en Dios y en Santo Tirso, pero creería más si la procesión fuera también por la Cábila.
P.- ¿Si nadie editase sus libros, lo haría usted mismo?
R.- A lo mejor propagaba alguno de ellos, pero probablemente me cansaría. Los inéditos son un atoramiento para el escritor. Si no publica, deja de producir.
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