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Entrevista a Tomás de Mattos el día 21 de Enero de 2004

Pregunta.- Poner a Kafka y a Dostoievski en la misma ensalada semiótica está muy de moda. Sin embargo, dentro de este contexto suyo, con la palabra "misericordia" jugando un papel determinante, parecería ser una hazaña poco menos que de los tiempos de la Reconquista. Por qué eligió a estos dos autores? que le aportan a su visión de la misericordia cristiana? Mrsmorley

Respuesta.- No lo hice siguiendo los impulsos de una moda (Másd de un crítico ha señalado el sesgo "anacrónico" de mi obra. Creo que he obedecido a una pulsión de afinidad. En los dos autores citados, la búsqueda obsesiva de un sentido de vida, el rechazo de la heteronomía como orientación del comportamiento me parece notoria. En el caso de Dostoievski su convocatoria fue insoslayable porque él estaba escriiendo, al tiempo de su muerte una novela sobre Jesús, cumpliendo un proyecto que ya alentaba al tiempo de escribir "El Idiota". Los papeles que dejó fueron objeto de un estupendo e imprescindible análisis por Nicolás Berdaiev, hacia 1922, y que fuera publicado en castellano con el título de "El espíritu de Dostoievski" (Lohlé) o "El credo de Dostoievski". La perífrasis de Kafka también me resultó insoslayable por la terrible sugestión de su parábola "Ante la Ley" incluida en "El Proceso". El pasaje kafkiano funciona como un clamor de acceso directo -sin el escollo de intermediaris- a la plenitud que Jesús ya satisfacía, según el anuncio de Jeremias (31, 31). En el caso de Dostoievki la respuesta sería mucho más extensa, solo podría aludir a la exaltación de la vida "a la intemperie", como "valle de forja de los corazones" donde el gozo y el sufrimiento se alternan como la exposición al calor y al frío templan el acero, el necesario ocultamiento de Dios para permitir la adhesión libre al bien, el carácter inconcluso de la Creación, el rol de partícipe que se le ha asignado a cada humano en el desenvolvimiento de la Creación respecto a la construcción de su propia persona y de su entorno más prójimo.

P.- El relato bíblico es la novela más leída de todos los tiempos. No le parece demasiado ambicioso competir con él?

R.- Las novelas se escriben a sí mismas, se imponen al autor; de otro modo no serían concluidas. El siglo XX le concedió a Jesús una muy significativa atención en todas las artes narrativas. Paradojalmente, no tuvo autores creyentes, por lo que sólo se abordó la dimensión humana de Jesús. Yo necesitaba leer uns novela que, procurando atravesar esa dimensión, de por sí fascinante, explorase también algunos velos -los más externos- de su divinidad. Por eso me aboqué a escribirla. Y como en parte me satisfizo y atrajo a mis editores, la publicamos. La imprudencia es, pues, compartida.

P.- ¿Ha tenido alguna reprimenda por parte de la Iglesia católica?

R.- No. A nivel de su base (me estoy refiriendo a la uruguaya) colegios, comunidades religiosas, agrupaciones de jóvenes, de catequistas, parroquias, etcétera, he recibido un muy cálido apoyo. A nivel de cúpula (Conferencia Episcopal Uruguaya) una complacencia silenciosa.

P.- ¿Es usted cristiano?

R.- Sí, procuro serlo. Y no he encontrado otra forma mejor, que la de ser católico; pero siento y trato como hermanas a las principales iglesias de la Reforma.

P.- Me he acercado a su novela y, la verdad, me ha dado un poco de miedo. Es muy imponente. Anímeme a leerla, por favor, el tema me interesa y me apetece un empujón del autor que puede ser definitivo.

R.- Lo único que puedo decirle es que cuando la escribí yo tuve muchos miedos, entre ellos, el de su extensión. Procuré preservar su amenidad a través de la brevedad de los capítulos (que, por supuesto, funcionan como unidades narrativas en sí mismas) que la convierten en una inevitablemente larga escalera pero con escalones cómodos y no poco rellanos. En Uruguay, país mucho más secularizado que España, fue éxito de ventas (recibió de la Cámara del Libro la distinción del "libro de oro") y contó con un importante respaldo crítico. Me atrevería a decir que no es un "ladrillo", aunque lo parezca.

P.- ¿Este Jesucristo es católico o protestante?

R.- El Jesús-personaje de esta novela está construido siguiendo muy de cerca a los evangelios -fuente de todas sus iglesias- y teniendo en cuenta exégesis y análisis teológicos tanto católicos como protestantes (también se auscultó las interpretaciones judías- sobre todo, Buber para el Antiguo Testamento- y agnósticas o ateas). Repito que siempre he procurado ser católico.

P.- dígame las tres características principales de Jesús

R.- Jesús, enteramente Dios y enteramente hombre, fue un adalid de la interioridad, de la praxis cotidiana de la solidaridad (sin permitirse ninguna exclusión discriminatoria) y de la oración (entendida como un diálogo, tanto intrasubjetivo como intersubjetivo, con las pulsiones que provienen de Dios).

P.- ¿porque piensa que hay que crear una figura como la de jesucristo todopoderosa con la voluntad de premiar o castigar se doblega mejor asi a la gente creando un temor sobrenatural yo pienso que si y ud? muchas gracias

R.- Pienso no tan distinto que usted y siento igual y visceral rechazo a la religiosidad sostenida por el terror o la codicia de recompensas. La imagen de Jesús, que procura suscitar la novela, no es, precisamente, la del Dios Todopoderoso, sino la del Creador que se anonadó a Sí mismo para asumir -por entero- nuestra finitud.

P.- ¿Cuánto tiempo le llevó escribir una novela tan voluminosa? ¿Qué fuentes manejó? ¿Qué papel juega la ficción en su novela, vinculado esto con la verdad histórica?

R.- Prefigurar la novela, es decir, escoger el punto de vista, el personaje-narrador, la trama (cómo articular los hechos), el tono afectivo, la selección de pasajes, etcétera, me llevó mucho tiempo: casi treinta años. Resueltos los problemas, o aceptadas sus posibles soluciones, la escritura no superó los dos años. Es, por supuesto, una novela por lo que, tomando como columna vertebral a los evangelios, primordialmente los canónicos (y entre ellos, sobre todo, Juan), las fuentes fueron muchos libros de cristología (vuelvo a mencionar a Berdaiev y debo señalar a J.L. Segundo, Urs von Balthasar, Ricciotti) y varias novelas con las que se dialoga.


Entrevistado por El Mundo

El 21 de Enero de 2004




Tomás de Mattos
Escritor

El uruguayo Tomás de Mattos ha convertido a Jesucristo en protagonista de su novela. En efecto, una idea así hace que sea fácil hacerse a la idea de lo ambicioso de esta novela. El Nobel José Saramago ya se atrevió con algo parecido en ‘El evangelio según Jesucristo’, pero esta vez es un cristiano quien se ha decidido a ficcionar la vida de Dios.



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