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Entrevista a Juan José Tamayo el día 17 de Octubre de 2003

Pregunta.- ¿Cree que existirá en un futuro próximo una apertura interna de la Iglesia católica, en el sentido de posibilitar la participación de los fieles en la toma de decisiones, y especialmente en permitir el acceso de la mujer a la jerarquía eclesiástica?

Respuesta.- Lo veo muy difícil, tal y como ahora está la correlación de fuerzas dentro de la Iglesia Católica. Predomina la mentalidad conservadora en la cúpula del Vaticano y eso dificulta no solamente la participación de los cristianos y cristianas en los asuntos que tienen que ver con ellos, sino también y de manera especial la democratización de la Iglesia. Respecto al sacerdocio de la mujer, soy más pesimista todavía si miramos las cosas desde la jerarquía y desde el papado, porque Juan Pablo II dejó cerrado el tema en una carta apostólica el año 1994.

P.- Estimado Sr. Tamayo - enhorabuena por su intervención en la 2 el martes, por su finura y clarividencia. ¿Cree que hay posibilidades reales de que el Papa que sustituya a Wojtyla se desvíe de forma notoria de la línea establecida por este último?

R.- Muchas gracias por su generosidad en la valoración tan positiva de mi intervención en el programa del martes El debate de La 2. no me resultó fácil defender mis posturas porque eran 5 contra mí, pero me sentí muy cómodo porque los argumentos que exponía respondían a los principios fundamentales del cristianismo. Sobre el futuro Papa, lo veo muy difícil. Tenga en cuenta que los electores del Papa son los cardenales, y éstos han sido nombrados en su práctica totalidad, con algunas excepciones, por Juan Pablo II. El resultado creo que puede estar cantado, dado la correlación de fuerzas ideológicas de la Iglesia hoy en día seguro que gana por mayoría aplastante el nombramiento de un Papa de ideología similar a la del Papa polaco. Pero no deben excluirse las sorpresas, porque expectativas tan negativas como estas también se daban después de la muerte de Pío XII, un Papa muy rígido, hierático y autoritario, y nada condescendiente con la cultura moderna, y sin embargo, contra todo pronóstico, fue nombrado un cardenal anciano, arzobispo de Venecia, que había dedicado toda su vida a la diplomacia vaticana en distintos lugares del mundo, Bulgaría, Turqía, París... y que tomó el nombre de Juan XXIII, y con 77 años e incubando un cáncer, llevó a cabo una de las mayores revoluciones que se conocen en la historia del cristianismo desde sus orígenes. Ojalá pudiera producirse esta sorpresa y volviera a haber primavera en la Iglesia Católica. La esperanza es último que se pierde, pero tampoco hay que hacerse ilusiones.

P.- Estimado Juan José, le felicito por sus escritos. Le pido que haga un ejercicio de imaginación. ¿Cuál puede ser el lugar de la Iglesia Católica en la sociedad dentro de 200 años? A mi entender el descenso de vocaciones y de fieles lleva un ritmo cada vez más veloz. Un saludo.

R.- Quién sabe, querido amigo o amiga, lo que vaya a pasar con la Iglesia Católica dentro de 200 años... eso ni Nostradamus ni la profecía del padre Malaquías podrían describirlo. Podría suceder que de la Iglesia no quedara piedra sobre piedra y quedaran otros movimientos o fenómenos religiosos. De lo que sí estoy seguro es de que el espiritu liberador de Jesús va a segur presente en la historia, lo mismo que el espíritu liberador de los grandes fundadores de religiones, como Confucio, Buda, Moisés, Mahoma... Lo más importante no es si sobrevivirá la Iglesia Católica, sino si el crisitianismo será fuerza de liberación, o ámbito de opresión y esclavitud. Solamente en el primer caso se justifica supervivencia, hasta llegar dentro de 200 años. En el segundo, en caso de que no funcione como fuerza de liberación, sino que sea instrumento de opresión, no estaría justificada su existencia.

P.- ¿Cree usted que el Papa admitirá en algún momento su incapacidad? ¿No sería lógico que se le ahorrara el sufrimiento por el que tiene que estar pasando? ¿Cree que es una decisión personal o se lo han impuesto?

R.- No lo sé, eso es una decisión que le corresponde sólo a él, y pudiera ser que ni siquiera pueda admitirla, porque si se ha convertido en un discapacitado... no podría decidir sobre su incapacidad, y eso sería terrible, porque decidirían por él los miembros de su entorno: la Curia romana. Tengo mis dudas incluso de que no esté sucediendo ya eso ahora mismo, en cuyo caso el espectáculo que se está dando es lamentable, ya que se está jugando con el dolor de una persona que tiene todo el derecho a vivirlo en su privacidad, por supuesto fuera del ámbito público, y menos expuesto a esas multitudes que cada día lo ven y con toda razón se apiadan de él. A mí nunca se me ocurriría someter a ese espectáculo dramático de mostrar ese dolor de un ser querido ante el público, ante los medios de comunicación. Me parece una falta de respeto, el dolor se vive a nivel personal y a nivel interno. Me parece triste el exhibicionismo del dolor, y sobre todo, creo que humilla todavía más a la persona si se hace por intereses de poder o por la búsqueda de una mayor influencia en la Iglesia, es totalmente reprobable. No se puede jugar con el dolor, menos con el ajeno, y nunca convertirlo en exhibicinismo, ni siquiera alegando que el sufrimiento es redentor. El sufrimiento es una experiencia humana que hay que erradicar, que ni se puede sublimar, ni racionalizar, ni se puede convertir en clave de salvación: destruye a la persona, destruye el tejido vital de la persona.
Eso es lo que está ocurriendo en el caso de Juan Pablo II, y me subleva que se utilice para unos fines que nada tienen que ver con el ejercicio del ministerio papal. Por tanto estoy en contra de todas las celebraciones de los últimos meses en las que se ve a un Papa hundido y vencido. Es, en el sentido más respetuoso de la expresión, un despojo humano, y me parece un pecado contra el Espíritu Santo, y contra el propio Papa.

P.- ¿Qué ha hecho la Iglesia Católica para modernizase durante los últimos 25 años?

R.- Muy poco, casi nada. Vistas las cosas desde el pontificado, desde un sector mayoritario de la jerarquía, creo que ha retrocedido a tiempos premodernos. Ha considerado la modernidad como la principal responsable de la secularización y del incremento de la increencia en sus distintas manifestaciones, y por eso la ha atacado frontalmente. Pero creo que se ha equivocado de adversario, el adversario está dentro de la Iglesia, y son los cristianos y las cristianas, como ha reconocido el Concilio Vaticano II, que responsabiliza de la génesis y evolución del ateísmo moderno a los propios seguidores de Cristo, por haber velado u ocultado el verdadero rostro de Dios, por no haber dado ejemplo, y por haber presentado el mensaje cristiano con categorías de otro tiempo. Es esta etioliogía la que da lugar a las actitudes de increencia de nuestro tiempo.

P.- Amigo Juan José: ¿Cuáles serían tus recomendaciones en relación al comportamiento que debe tener un cristiano, "de a pie", ante la situación actual de la Iglesia y el control que de ella están teniendo las jerarquias? ¿Cómo debe ser nuestro comportamiento y postura en estos momentos. Juan José, Me alegra que estés presente en estos nuevos métodos tecnológicos. Un saludo, Elías

R.- Muchas gracias, pero estoy presente con muchos apoyos y ayudas, me dejo guiar porque no soy un experto en el tema.
Respondiendo directamente a tu pregunta, te diré que la manera de responder es crear o generar un tejido comunitario de base, que surja desde abajo, a partir de la experiencia, formando pequeños grupos y comunidades que testimonien los valores del evangelio en el mundo. No cediendo a ninguno de los chantajes y cantos de sirena que nos propone el neo liberalismo.
Los cristianos y cristianas han de vivir en la sociedad testimoniando a Dios en medio del mundo, haciendo realidad los valores alternativos: la paz frente a la violencia, pero una paz que no rehúye el conflicto, la justicia frente a la injusticia institucionalizada o estructural, la humildad, que no es humillación, sino el reconocimiento de las propias limitaciones humanas, y nunca el engreimiento, la compasíón, que es la capacidad de sufrir con el otro, con la otra, sabiendo que el sufrimiento con el otro o el compartir el sufrimiento, dividie éste entre dos, lo reduce, lo limita, y por fin, el compartir la alegría la esperanza, multiplica ambas. Estos valores tienen que vivirse con fuerza, son firmeza, sin ceder a los chantajes, y como alternativa a los valores que hoy se consideran prioritarios en nuestro mundo, frente a valores que para mí son contravalores y que están en alza en la moral de la globalización.
Son en realidad contravalores: la competitividad, la acumulación, la falta de sentido de la vida, la insolidaridad del "sálvese quién pueda", el individualismo, la huída de las propias responsabilidades en la historia, la instalación en el sistema, la huída hacia adelante no afrontando los problemas que nos compiten, que requieren una solución de nosotros.
En fin, creo que esto se puede resumir en una propuesta: vivir la ética liberadora del cristianismo como alternativa a la teología neo liberal del mercado, vivir en el segumiento de Jesús como alternativa al seguimiento de las ofertas de la sociedad de consumo, que son engañosas y se evaporan como flor de heno.

P.- Se ha especulado bastante sobre la posibilidad de que el nuevo Papa sea latinoamericano, ya que es en esa parte del mundo donde se concentra el mayor número de creyentes ¿usted cree que hay alguna posibilidad de que eso ocurra?

R.- No lo sé, no sé muy bien cómo podrían ser las cosas. Sí sé cómo deberían ser, y este es mi ideal, que el futuro responsable de la comunidad surja de un lugar donde haya un cristianismo vivo, y éste sin duda es el tercer mundo, América Latina, Asia o África. Es ahí donde se concentra el mayor número de cristianos y cristianas, en torno al 70%, es ahí donde existen comunidades proféticas que testimonian ejemplarmente los valores más genuinamente evangélicos, es ahí donde se desarrolla una teología de la liberación, en diferentes y complementarias perspectivas, teología indígena, que echa sus raíces en las tradiciones culturales y en la identidad cultural de esos pueblos, teologías asiáticas, afroamericanas, teologías campesinas, teologías liberadoras desde la perspectiva de la mujer, doble oo triplemente oprimida. La Iglesia del tercer mundo es realmente la Iglesia de los pobres, y deberían ser éstos quienes eligieran democráticamente al futuro papa. Si así fuere, ciertamente el futuro Papa nada tendría de conservador y tendría todo de liberador y comprometido con los sectores oprimidos.

P.- Sr. Tamayo, ¿cree usted que Juan Pablo II se ha orientado hacia los sectores más conservadores de la Iglesia como el Opus Dei y ha dejado de lado a los sectores más sociales como los Jesuitas?

R.- Dudo la segunda parte. No sé si realmente los jesuitas representan a los sectores más sociales. El Opus Dei representa el sector más conservador, pero no en solitario, sino haciendo piña con otros movimientos como Comunión y Liberación (organización católica italiana), los Legionarios de Cristo (organización mexicana), las comunidades neocatecumenales (movimiento carismático español fundado por Quico Arguello), los Heraldos del Evangelio, y otros grupos similares. Estos son los preferidos de Juan Pablo II y constituyen su brazo largo para poner en marcha todo su programa de restauración del cristianismo medieval en el siglo XXI. Pero tanto el intento, como los movimientos que lo apoyan, no dejna de ser anacrónicos.
No creo que se pueda identificar a los Jesuitas con los sectores más sociales. Hay sectores de Jesuitas que trabajen en ambientes de marginación social, en América Latina. El caso más impactante en los últimos meses ha sido el del padre Javier Giraldo, jesuita colombiano, que trabaja en el mundo de los desplazados y en la creación de comunidades de resistencia contra el actual movimiento económico neo liberal. Pero hay otros muchos grupos cristianos comprometidos en el mundo de la marginación y la exclusión social, oganizaciones de solidaridad, colectivos que trabajan en las cárceles, organizaciones contra la droga, grupos de derechos humanos, y así sucesivamente.

P.- ¿Por que la Iglesia tiene que ser democratica?, al fin y al cabo Jesus escogio a sus apostoles para trabajos importantes sin hacer una consulta popular. Si Jesus es el Pastor, no cree ¿que debe ser El el que decida por donde tienen que ir sus ovejas en ver de pedir opinion a todas las ovejas? El Papa es el Pastor de su Iglesia.

R.- Eso es una versión totalmente equivocada tanto de lo que sucedió en los orígines del cristianismo como de las imágenes que se utilizan.
Empezando por la segunda parte, ni el Papa es un pastor ni los cristianos son unas ovejas. Es una imagen que ahora mismo expresa unas relaciones de sumisión y de dependencia contrarias a las tendencias igualitarias de nuestro tiempo. Por otra parte, son imágenes que en tiempos de Jesús tenían otro sentido bien diferente, si se siguiesen utilizando, la Iglesia se convertiría en un colectivo de menores de edad, de gente sin norte, y no creo que esa fuera la voluntad de Jesús ni mucho menos. Y en eses sentido, estaríamos ante un dictador o una persona autoritaria que impone su voluntad a la gente que se deja llevar sin libertad alguna.
En torno a la cuestíon de la democracia en la Iglesia, yo me pregunto, ¿por qué se acepta de manera tan espontánea y normal el principio de la democracia política y se rechaza algo similar en la Iglesia, un cristiano o cristiana, un voto? Las organizaciones que no son democráticas son dictatoriales y autoritarias. Y no se diga como argumento que la Iglesia es institución divina, ¿o es que es volunta de Dios que las organizaciones de institución divina se rijan dictatorialmente? Aunque históricamente Dios y las dictaduras han hecho buenas migas y han llevado a cabo numerosas alianzas, eso es contrario al Dios de los profetas de Israel y al Dios de Jesús de Nazaret, que se propone liberar a los seres humanos de todos los yugos que les opriman, incluído el yugo de un Díos opresor.
El dios de Moisés, de los profetas y de Jesús de Nazaret, el dios de los mártires y de las mujeres que han sufrido a lo largo de la historia no tolera, no puede tolerar, que los seres humanos se esclavicen, porque todos son hijos, y si hijos, gozan y disponen de la libertad.

P.- ¿Cómo definiría usted el papado de Juan Pablo II? ¿Cuáles son para usted sus mayores aciertos y errores? Un saludo y gracias.

R.- Todo está entreverado, y eso sucede con cualquier obra humana. Por eso no puedo aceptar fácilmente ni las apologías que consideran que el pontificado de Juan Pablo II es el conjunto de todos los bienes sin mal alguno, la encarnación del cielo en la tierra, ni las valoraciones catastrofistas que lo consideran una desviación grave del mensaje de Cristo. Este pontificado ha tenido luces y sombras, aciertos y desaciertos, y es muy difícil separar unas de otras. Ha defendido los derechos humanos y la libertad en la sociedad, pero no ha hecho la misma defensa dentro de la Iglesia.

P.- ¿Quién cree que tiene más posibilidades de suceder a Juan Pablo II? ¿Qué opina de los nuevos cardenales españoles?

R.- Cualquiera puede suceder a Juan Pablo II, y no es una boutade, cualquier elector puede salir elegido, aunque dice el refrán que quien entra en el cóclave Papa, sale cardenal. Los rumores forman parte del márketing, no hay que fiarse de ellos. No estoy al tanto de los nombres que suenan, y no me preocupa demasiado, porque en esta elección no se juega la importancia del Evangelio, sino los intereses de los eclesiásticos. Tendría muchas más garantías y me interesaría más si en la elección participara todo el pueblo de Dios, las comunidades cristianas, los grupos proféticos...

P.- ¿Qué papel deberia desempeñar la enseñanza de religión católica en el sistema educativo español? ¿Dónde quedan las otras confesiones y la laicidad del estado español?

R.- Esa es una buena pregunta y creo que ya se ha dado una respuesta, para mi desacertada en la nueva Ley de la Educación, que acaba de entrar en vigor.
La escuela es una institución no confesional, al menos en un Estado laico como es el español, y por tanto debe mantener la más absoluta y respetuosa neutralidad en relación a las creencias. Su cometido no es adoctrinar en una religión, sino formar ciudadanos y ciudadanas críticos, adultos y conocedores de los instrumentos con los que habrán de trabajar cada uno en su profesión.

P.- ¿Es religiosa la sociedad actual?

R.- No, ni tiene por qué serlo. La sociedad, toda sociedad, se sustenta sobre bases laicas, sobre principios morales cívicos. La religión es una opción personal y libre, que si incide en la sociedad, no debe ser por imposición de los jerarcas, sino por la fuerza del testimonio y del ejemplo de quienes viven la religión.

P.- ¿Por qué se da en el Papa actual la paradoja de ser el mas aplaudido y al mismo tiempo muy poco seguido, sobre todo por los mas jovenes? ¿Tendrá algo que ver con que ser aplaudido es síntoma de ser poco molesto?

R.- Puede ir por ahí la respuestas, y acierta al hacer esta pregunta en el apunte de solución. El aplauso no es signo de ir por el buen camino. El aplausómetro sirve para los fenómenos espectaculares, llamativos, pero no se compagina facilmente con una experiencia de fe, una experiencia de vida interior, profunda. A veces el éxito y el aplauso van en contra de la profundidad, de la hondura, y la religión se mueve más en ese terreno que en el del espectáculo y en el de las masas. No me parece que el aplauso que recibe Juan Pablo II sea signo de vitalidad de la Iglesia, sino que es un escape para no aceptar las exigencias radicales del evangelio. Esas no cuentan con aplauso o con apoyo, al contrario, se quedan solas, y por supuesto, el aplauso fácil de las masas a Juan Pablo II no significa acatamiento y puesta en práctica de sus mensajes, y casi mejor, porque si esos mensajes se pusieran en práctica en algunos campos, como en la sexualidad, retrocederíamos a la Eda Media, una etapa de rigorismo morla quen nada tiene que ver con la radicalidad evangélica.


Entrevistado por El País

El 17 de Octubre de 2003

Visualiza las 2 entrevistas de Juan José Tamayo.      


Juan José Tamayo
Catedrático de Teología

A lo largo de sus 25 años de pontificado, Juan Pablo II ha dado una nueva imagen de la Iglesia sin moverse un ápice del dogma. El catedrático de Teología y miembro de la Asociación de Téologos Juan XXIII Juan José Tamayo, que a finales de este mes publicará el libro Adíós a la cristiandad, ha sido entrevistado.





           
           

           
           

           
           

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