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Entrevista a J. Andrés Rojo el día 12 de Abril de 2006

Pregunta.- ¿Cree posible la vuelta de la República en España?

Respuesta.- Todo es posible. El hecho de vivir en una democracia consolidada bajo una monarquía a veces hace olvidar que el republicano es un régimen más justo (por lo menos en teoría: no hay privilegiados). Si podría volver. Estaría bien, ¿no le parece?

P.- Saludos, ¿cómo cree que sería ahora España si prosiguiera la II República?

R.- Es difícil hacer historia ficción. Por lo menos, sería un país que no hubiera perdido a muchos de sus mejores hombres y mujeres. Imagino que un país es la gente que lo hace. Los vencedores se cargaron del todo a los republicanos...

P.- Estaba leyendo estos días una breve antología de artículos de prensa de principios de siglo (Ortega, Unamuno, Azaña, Machado...) y parece que el periodismo tenía una salud envidiable y que no hay mucho editado que permita tener una visión de conjunto de aquel periodismo. ¿Podría sintetizar qué periódicos eran los principales y cómo se ubicaban ideológicamente en la II República?

R.- La cultura durante la II República tuvo una salud envidiable, y también los periódicos. Me temo que no sea el más indicado para responder a su pregunta...

P.- Como nieto y sobrino nieto de soldados nacionales del Alcázar de Toledo (Familia Villalba Rubio, Ricardo, Fernando y José Eduardo), que se jugaron la vida por la defensa de España y la lucha contra de degradación de la República en un comunismo encubierto, me siento triste al ver cómo no se respetan las sensibilidades de las personas que lucharon con Franco, y que todos los días sufrimos marginación en vuestro diario y otros medios de comunicación. ¿Qué opinión le merece esto?

R.- Estoy convencido de que al lado de Franco lucharon muchos españoles que creían realmente que su país peligraba bajo las garras del comunismo, y siento mucho que se sientan ofendidos ante otras opiniones. No creo, de todas formas, que haya por parte de nuestro diario voluntad alguna de herir su sensibilidad. La guerra fue terrible. Separó a familias, enfrentó a hermanos. Mi abuelo fue al Alcázar a pedir la rendición de algunos de sus mejores amigos, que intentaron convencerlo para que se quedara con ellos. No lo hizo. Consideró que su deber era ser fiel a su juramento de lealtad al gobierno legítimo. Otros no lo entendieron así, y fueron ellos los que desencadenaron el desastre. Pero con decir esto sólo se dice una verdad: no hay voluntad alguna de herir a nadie.

P.- ¿Por qué volvió su abuelo al país sabiendo que lo esperaban, no hubiera sido más fácil quedarse en el exilio como otros compatriotas?

R.- La decisión de volver a España en 1957 fue una de las decisiones más difíciles que tomó el general Rojo y posiblemente no sea fácil contestar porqué finalmente lo hizo. Ni siquiera resulta fácil saber si fue pura ingenuidad que creyera que no iba a pasarle nada... o si, más bien, asumió su regreso como un gesto de solidaridad con los que habían luchado con él y no tuvieron su suerte: la de sobrevivir, la de poder exiliarse, la de no haber pasado por la cárcel ni por la humillación a lo que fueron sometidos los militares republicanos por Franco. En términos personales, Rojo regresó porque estaba muy enfermo, creía que iba a morir pronto y quería que su mujer volviera con los suyos (élla pertenecía a una familia que simpatizaba con Franco). En términos políticos, quiso regresar para combatir desde dentro contra la vinculación del régimen con Estados Unidos (tal unión: 1. consolidaba a Franco por una larga temporada; 2. obligaba a España a situarse en uno de los bandos ante una III Guerra Mundial) y mantener así su independencia. En términos militares, volvió para que se reconociera la condición patriótica de los militares profesionales que habían luchado para defender la República.

P.- También es lógico, ético y humano recordar las muchas también víctimas de los republicanos, ¿no le parece?

R.- Lo es, efectivamente. Pero también es importante reconocer los esfuerzos que hizo el bando republicano por frenar las tropelías, asesinatos y salvajadas que ocurrían en su zona. Tenga en cuenta que durante los primeros meses que sucedieron al golpe militar, la República se enfrentó al cuartelazo que protagonizaron unos cuantos militares el 17 y 18 de julio de 1936 y a la revolución que se desencadenó cuando el estado entró en crisis. A partir de octubre es cuando empiezan a recuperar cierta capacidad de iniciativa los sectores menos fanáticos y en seguida se intentan frenar los paseos y demás desmanes. Todavía continuarían, pero hay una voluntad decidida por parte de (por ejemplo) los militares profesionales de frenar de manera drástica cualquier desmán.

P.- Sr. Rojo, a propósito de la autodefinición del general Vicente Rojo, su ilustre abuelo, me pregunto por la visión monolítica de la Iglesia durante la II República. ¿Hubo sectores eclesiásticos (alta jerarquía y bajo clero) que apoyaron a la República? Agradecido desde el Reino Unido.

R.- No soy experto en cuestiones de Iglesia. Pero por puro sentido común, del mismo modo que la guerra partió familias, también partiría a la familia religiosa, a la iglesia. Sus jefes estuvieron con Franco, pero eso no quiere decir que estuvieran con él todos los católicos. Mi abuelo, y otros muchos militares profesionales, fueron católicos convencidos y, acaso por eso mismo, defendieron el régimen al que habían jurado lealtad.

P.- ¿Hablaba su abuelo de Franco en la intimidad?

R.- Que yo sepa, no. Nunca. Tampoco escribió mucho sobre él. En su archivo, hay algunas cuartillas que se refieren directamente a él ("Contra Franco", creo que se titulan). Lo critica, sobre todo, por haber partido en dos un país para satisfacer ambiciones estrictamente personales y por haber instaurado el terror como forma de gobierno. Lamenta que la España de la dictadura esté dominada por el miedo. Considera que, de esa manera, se destroza lo más valioso del español: su valentía, su coraje, su generosidad.

P.- ¿Cuál fue la mayor dificultad al hacer el libro?

R.- Establecer la mayor distancia posible con un personaje que, en definitiva y aunque no lo conociera, se trataba de mi abuelo. Lo más difícil siempre es ser humilde. Y, en términos de escritura, encontrar el tono. Escribir en tercera persona fue una de las decisiones más sabias que tomé para poder escribir el libro.

P.- ¿Tuvo en algún momento el bando de la República la posibilidad de ganar la guerra? Gracias.

R.- Casi nunca, siempre fue superior el enemigo. Rojo pensaba que si se hubiera puesto en marcha el plan P a finales de 1937, que debía atacar a los franquistas por Extremadura para partir su zona en dos, y hubiera salido bien las cosas podrían haber ido mejor...

P.- He leído su libro y me parece magnífico. ¿Está usted de acuerdo, como dice algún otro historiador, que su abuelo, el general Rojo, humilló a Franco militarmente? Muchas gracias

R.- La palabra humillar es demasiado fuerte, y más cuando el general que presuntamente humilla resultó el perdedor. Lo que sí comparto con Blanco Escolá es que Rojo, y el ejécito republicano, siempre llevaron la iniciativa después de resistir en Madrid. Era su única manera de "ganar" ante un ejército superior. Necesitan imaginación, audacia, tener capacidad de sorpresa... si querían seguir defendiendo el régimen legal. Y se aplicaron con entusiasmo y sacrificio a una tarea durísima.

P.- ¿Quiénes fueron, a tu juicio, las plumas de oro del periodismo durante la segunda República?

R.- Hubo muchos periodistas brillantes. Si tuviera que elegir, siento especial simpatía y admiración por Chaves Nogales; y desde siempre me ha deslumbrado Josep Pla, aunque no comparta muchas veces su visión del mundo, excesivamente conservadora.

P.- Hola José Andres, gracias por estar aquí respondiendo a nuestras preguntas. Supongo que debió ser muy duro para su abuelo enfrentarse a sus propios compañeros de Ejército durante la Guerra Civil sabiendo que en el ejercito franquista estaban las mejores unidades y además, ayudados por italianos y alemanes. Aún así, se mantuvo fiel al gobierno republicano. ¿Que crees que pasa por la cabeza de un militar para sublevarse ante un gobierno designado democráticamente? Gracias.

R.- Afán de protagonismo, ambición de poder, la vieja cantinela de ser los salvadores de la patria... Eso habría que preguntárselo, de todas formas, a los que saben más de los que se rebelaron...

P.- ¿Por qué la República, que intrínsecamente es mucho más democrática que la Monarquía por cuanto el pueblo tiene la opción de elegir al Jefe de Estado, es identificada en este país con posturas izquierdistas radicales? ¿No debiera el republicanismo ser la opción democrática y moderada y el monarquismo la postura extrema y radical?

R.- Seguimos padeciendo la visión que nos impusieron los ganadores. Pero afortunadamente cada vez con más frecuencia se puede ver que en la República hubo de todo. Y mucha gente moderada. Y que en el otro lado, también habría de todo, pero sobre todo se impusieron los fanáticos de defender una España hecha a su medida.

P.- Diferentes artículos, señalan a su honorable abuelo como un anticomunista total, a diferencia de otros que lo destacan como fiel simpatizante del comunismo, quién mejor que usted para resolver esa duda que tengo. Un saludo cordial.

R.- El general Rojo siempre se definió como patriota, católico y militar. No tenía simpatías por ninguna ideología concreta y procuro siempre mantener su independencia. Ahora bien, durante el desarrollo de la guerra fueron las fuerzas comunistas las que se volcaron con mayor entusiasmo y firmeza y disciplina al desafío de que no se impusieran las tropas franquistas. Y por tanto fueron las fuerzas con las que pudo contar constantemente...

P.- El régimen franquista utilizó la figura de su abuelo en su propaganda, en sus películas... ¿Fue bien tratado en esas semblanzas? ¿A qué se debió, en su opinión, la actitud del régimen?

R.- Muchos militares que combatieron con Franco reconocieron la valía de Rojo y lo respetaron siempre. También muchos historiadores militares franquistas. El régimen, la dictadura, en cambio, se caracterizó por su afán de destruir al enemigo, y ahí no hacía excepciones, más allá de personas, de opiniones y de lo que se quiera.

P.- La defensa de Madrid fue mucho más exitosa que la de otras grandes ciudades, como Barcelona. ¿No cree que el destino de la Guerra hubiera sido muy diferente si los diferentes bandos aglutinados bajo la República hubieran abandonado sus diferencias y se hubieran centrado en ganar la Guerra? ¿Cómo vivió su abuelo la defensa de Madrid?

R.- Efectivamente, uno de los lastres que padeció el ejército republicano fue el permanente estado de discusión en el que estaban imbuidos los distintos sectores ideológicos que lo integraban. La unidad era necesaria. Más aún, según el general Rojo, era imprescindible que se declarara el estado de guerra y que fueran los militares, bajo un mando único, los que llevaran los asuntos de una facción que en realidad estaba en guerra (aunque no lo reconocieran las autoridades civiles por temor a los propios militares que defendían la República)... La verdad es que la defensa de Madrid la vivió mi abuelo trabajando. Si no lo hubiera hecho, y no lo hubieran hecho tantos otros, el ejército franquista hubiera conquistado la ciudad. Fue la capacidad de entrega y sacrificio de tantos como él (los miembros del Estado mayor que dirigía durante las primeras jornadas no llegaron a dormir mucho más de unas cuantas horas) las que consiguieron que el enemigo no se saliera con la suya.

P.- ¿Qué cree que fue más difícil para el General, enfrentarse a las tropas de Franco u organizar un ejército proveniente de las milicias populares y de los diversos movimientos políticos de la época, sin los medios adecuados?

R.- Para enfrentarse a Franco tenía que tener un ejército. Tuvo que librar ambas batallas al mismo tiempo. Lo más difícil, de todas formas, fue combatir sin medios. Lo más terrible, que la República fuera abandonada a su suerte.

P.- ¿Cree que la Guerra Civil española podia haber sido evitada? ¿Cree que nuestro país algun día estará unido? ¿Qué opina del papel de los nacionalistas durante la República?

R.- Había cauces legales para resolver los conflictos que existieran. Si los militares que se rebelaron hubieran utilizado esos caminos no hubiera habido guerra. No hay que confundir unidad con tener las mismas ideas. Ahora hemos aprendido a convivir en una democracia y a defender cada cual sus ideas. Creo que no va mal del todo la cosa, salvo algunos exaltados... Durante la guerra, lastimosamente los nacionalistas consideraron más importantes sus propias batallas que el desafío de ganar al enemigo.

P.- Últimamente se han publicado varios libros minimizando las atrocidades cometidas por los sublevados en la guerra civil. Me recuerdan a la negación del holocausto por los actuales partidos nazis. ¿Por qué cree usted que hay tanto interés en difundir este tipo de historias?
Por último: si según la Ley de Partidos Batasuna es ilegal por no condenar la violencia de ETA ¿deberían de ser ilegales los partidos que no condenan la violencia de los sublevados del 18 de julio?
Muchas gracias.

R.- Es indignante que vuelva a imponerse la propaganda franquista como si se tratara de una verdad histórica. Deberían establecerse de alguna manera algunas verdades probadas y demostradas. Como ha ocurrido en otros países. Que causara escándalo entre la gente que se negaran las salvajadas de los ganadores (y las que cometieron los fanáticos del bando republicano durante los primeros meses de la contienda), que se prolongaron hasta mucho después de terminar la guerra. No sé si ilegales. Pero deberían sufrir el bochorno público. No sé cómo. Habría que buscar alguna fórmula...

P.- ¿No cree que Madrid debería dedicar una de sus calles a su abuelo?

R.- Madrid debería recordar a las mujeres y a los hombres que la han defendido. No es porque se trate de mi abuelo, pero es un disparate que no haya referencia alguna en las calles de esta ciudad al militar que dirigió las tropas que luchaban contra un ejército rebelde (por no incluir a italianos y alemanes en el paquete)...


Entrevistado por El País

El 12 de Abril de 2006




J. Andrés Rojo

El General Vicente Rojo, que organizó la defensa de Madrid durante la guerra civil, regresó a España desde el exilio donde Franco le esperaba con la cadena perpetua. Ahora su nieto, José Andrés Rojo, jefe de la sección cultural de EL PAÍS, retrata a su abuelo en la biografía Vicente Rojo. Retrato de un general republicano, por la que ha recibido el XVIII Premio Comillas. Rojo ha charlado con los lectores coincidiendo con el 75º aniversario de la proclamación de la II República. FOTO: RICARDO GUTIÉRREZ



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