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Entrevista a Ignacio Bosque el día 27 de Enero de 2010

Pregunta.- ¿Para cuándo estará disponible esta gramática en formato digital?

Respuesta.- Todavía no sabemos la fecha. Estamos estudiando en la RAE la forma de hacerlo. Hay que tener en cuenta que una gramática no se consulta exactamente como un diccionario. El que consulta un diccionario, busca una sola palabra y encuentra información generalmente breve. Nadie consultaría a la vez, por ejemplo, todas las palabras que empiezan por la letra N. Las gramáticas son obras de consulta, pero también de estudio. Es normal que el que analiza un asunto gramatical tenga que leer una sección de quince o veinte páginas, o un capítulo de cien. A mí me gustaría que la Nueva gramática se pudiera leer en la red, pero no tanto que se pudiera bajar, copiar o imprimir. El formato de GOOGLEBOOKS no es malo, siempre que se permita leer todo el texto, y no solo algunas partes. En cualquier caso, la decisión corresponde a la RAE y a ESPASA.

P.- Tengo una gramática de la Lengua Española comprada hace 10 años. ¿Debo adquirir esta nueva? ¿Por qué?

R.- Puede o no adquiría en función de cuál sea su interés por la gramática como disciplina. La RAE no ha publicado ninguna gramática completa desde 1931, pero otros autores han publicado muchas gramáticas desde entonces. La Nueva gramática contiene, desde luego, mucha más información que otras gramáticas. Contiene menos en algunos puntos que la Gramática Descriptiva, publicada hace diez años, pero abarca más que ella en algunas cuestiones, especialmente en lo relativo al español de América y a la ejemplificación con textos literarios. Las preguntas que usted plantea son muy difíciles de contestar. Es como si alguien que ya tiene una Historia de España pregunta si debe comprarse otra.

P.- ¿Cómo se difundirá esta nueva gramatica en los países sudamericanos? ¿Será cada Academia la encargada en su respectivo país o vendrá desde la vieja España?

R.- La Nueva gramática se distribuirá por los canales habituales (librerías, venta en internet, etc.). Se está completando estos días su distribución en todos los puntos de venta, también en América. Está previsto que se publique en marzo la versión abreviada (menos de 800 páginas). Me dicen que en América saldrá a un precio muy bajo.

P.- ¿Cuál fue la decisión lingüística más difícil de tomar o que más desacuerdos produjo entre los académicos?

R.- Ciertas cuestiones relativas a la valoración normativa de algunas construcciones, pero al final se optó por respetar las peculiaridades lingüísticas de cada área, lo que me parece más adecuado. Le pongo un ejemplo. En los textos de los mejores escritores americanos se encuentran expresiones como “adelante de la casa” o “abajo de la escalera”. En España solo se consideraría correcto decir “delante de la casa” y “abajo de la escalera” (de hecho, mi versión de WORD me corrige sistemáticamente las otras opciones), pero el uso al que me refiero está extendido entre personas cultas en muchos países americanos, y hay que presentarlo como tal. Se trata de describir lo mejor posible la variación que existe, y sobre todo la valoración que corresponda a las opciones que se registran en cada lugar. Esos juicios, relativos al prestigio o al desprestigio de las construcciones, coinciden muchas veces, pero no siempre es así, como en el ejemplo que le pongo.

P.- Buenas tardes. Lo primero, gracias por la labor llevada a cabo con la Nueva Gramática. Ya la tengo en mi estantería y he empezado a echar un vistazo entre sus páginas. Me da la sensación de que es complicado hacer accesible a todo tipo de público una obra de estas características. ¿Cree que lo han conseguido? ¿Ése era uno de los objetivos? Muchas gracias.

R.- Aunque la gramática se dirige a un lector culto de formación media, algunos párrafos pueden ser complejos, en particular los que abordan materias relativamente técnicas. El riesgo de dirigir un texto a todo el mundo es que se quede corto para los especialistas, y a la vez resulte excesivo para otras personas. La idea de hacer otras dos versiones del texto (una de 800 páginas y otra de 250) parte del reconocimiento de este hecho. Cuatro mil páginas son demasiadas para algunos lectores. Es posible que también lo sean 800 para otros.

P.- Da la sensación de que cada vez se cuida menos la lengua y se habla y escribe prestando menos atención a la gramática. ¿Tienen también esa sensación desde la RAE? ¿Hay alguna forma de acercar a la gente la gramática y el interés por la lengua más allá de las instituciones educativas?

R.- La RAE es muy consciente de esa necesidad, desde luego. El Diccionario panhispánico de dudas, publicado en 2005, se elaboró precisamente con la idea de ofrecer una síntesis de la norma en lo relativo a la gramática y al léxico. Desde mi punto de vista, el desinterés de mucha gente en relación con la lengua se produce porque la ven (o se les presenta) como algo ajeno, externo a ellos. Muchos parecen asumir eso de “Si me hago entender, ¿qué importa cómo lo diga?”, pero es un error, un tremendo error. Alfonso X el Sabio decía que “la gramática es el cimiento de toda razón”. Es una frase impresionante, escrita en el siglo XIII, que nos tendría que hacer pensar. La sintaxis no existe para adornar las ideas. Es la arquitectura de las ideas, el armazón del pensamiento.

P.- Yo soy lingüista y estoy cansado de que me pregunten si algo está mal o bien dicho, porque esa no es la única misión de la lingüística. ¿Cómo explicaría cuál es la auténtica función de un gramático? Entiendo que no es solo dictar normas sobre lo que se debe y no se debe decir, como parece pensar el público en general, incluidos los periodistas, sino algo más complejo, ¿no es así?

R.- Tiene usted razón. Los periodistas son los primeros que parecen considerar que los gramáticos son los policías del idioma, que nos pasamos la vida escrutando la forma de hablar de los demás para buscar errores. No es así. Los aspectos normativos o prescriptivos son importantes porque resultan fundamentales en la educación, pero también forma parte de las tareas educativas mostrar a los estudiantes qué es la lengua; presentársela como un patrimonio individual y colectivo de extraordinaria riqueza. La lengua es un sistema de comunicación, pero también de expresión. Está a la vez en la sociedad y en nuestra cabeza, así que tratar de entenderla mejor es intentar comprendernos a nosotros mismos. Este punto es particularmente importante en la Nueva Gramática. La obra contiene mucha información dialectal, pero no es un mero catálogo de usos. Está llena de reflexiones dirigidas a comprender mejor la relación que existe entre la forma y el sentido, a percibir matices en la manera en que se ordenan, se combinan y se eligen las palabras. Nada me gustaría más que sirviera de estímulo para los que ven la lengua como un bien propio que deberíamos conocer mejor, en lugar de como un conjunto de imposiciones y restricciones que nos vienen de fuera.

P.- ¿Tienen una fecha de salida aproximada de la versión reducida? Muchas gracias

R.- Habrá dos versiones reducidas. Queremos que la primera versión (entre 750 y 800 páginas) esté en la calle en marzo. Habrá una segunda versión, mucho más breve (unas 250 páginas), que aparecerá en otoño.

P.- Primero, felicitarle y darle las gracias por esta maravilla que ya tengo en mi librería (soy filólogo y profesor). ¿Qué aporta esta Gramática en comparación con la Gramática Descriptiva que usted mismo dirigió? Gracias de nuevo.

R.- La Gramática Descriptiva fue un largo proyecto, también colectivo, que dirigimos la profesora Violeta Demonte y yo y que se publicó hace diez años. Participaron en él más de 70 autores, pero cada uno firmaba su capítulo. Los coordinadores introdujimos unos criterios generales y propusimos algunos cambios a las primeras versiones, pero no redactamos más que nuestros propios capítulos (dos cada uno). En la Nueva gramática, todos hemos redactado todo y nos responsabilizamos de todo. Estos dos primeros volúmenes suman menos páginas que los que ocupa la Gramática Descriptiva. Esa gramática proporcionaba muchas referencias bibliográficas (en el texto académico no se dan) y dedicaba más espacio a algunas cuestiones. La Nueva gramática presta más atención al español de América, se apoya en un corpus textual más amplio y es una obra algo más cohesionada. Desde mi punto de vista, las dos gramáticas son complementarias.

P.- Existen palabras y expresiones cuyos usos y significados, sin dejar de ser correctos y de enriquecer al Castellano, son propios de una determinada zona o país y distintos a los usos y significados en otros lugares. Son por tanto dificiles de entender o extrapolar fuera de ese contexto territorial. Me pregunto si, como ocurrió con el Latín, estamos ante el inicio de una evolución hacia nuevas lenguas, o si el desarrollo de las comunicaciones terminará por generalizar dichas expresiones.

R.- La mayor parte de las construcciones gramaticales del español son compartidas por todos los hispanohablantes. Si un español lee una novela de Vargas Llosa, de Carlos Fuentes o de García Márquez, se sorprende tal vez de alguna expresión cada diez o doce páginas. Lo demás es español común (o sea, español de todos). La variación es mayor en el léxico, como es lógico, pero también lo es dentro de España. Si compara usted el léxico de un cántabro con el de un canario, encontrará unas cuantas diferencias, pero también una gran base común. En la formación de palabras (primera mitad del volumen 1 de la Nueva gramática) se reflejan muchos de estos cambios, que no afectan, por lo demás, a la comunicación. La variación en la sintaxis es mucho menor, pero hay que analizarla cuando existe, y es lo que hemos hecho en esta obra. Yo entiendo que la variación es signo de riqueza, en ningún caso un riesgo de fragmentación.

P.- ¿No se podría haber puesto un precio menor? El volumen de la tirada debe de ser suficiente como para cubrir gastos y dejar ganancias razonables con unos 60 euros. ¿O se están cubriendo pérdidas de la editorial en otros campos?

R.- El precio de la Nueva gramática fue establecido por Espasa; en la RAE no intervinimos. Por otra parte, una cosa es que 120 euros sea mucho dinero objetivamente (lo que no niego) y otra diferente que la obra sea cara. Para concluir que es cara hay que hacer comparaciones. Por ejemplo, la prestigiosa gramática del inglés de la editorial Cambridge tiene 1842 páginas y cuesta 165 dólares; el diccionario de María Moliner cuesta 130 euros, etc. Si se compara el precio de la Nueva gramática con lo que cuesta hoy un tratado de medicina o de arte, aún resulta más barata. Quizá lo que ocurre es que todos los libros son caros.

P.- ¿Por qué cree que se ha demorado tanto un elemento tan básico para nuestra lengua como es esta gramática panhispánica?

R.- En buena medida por la dificultad de obtener información sobre el español de América. Al analizar algunos estudios existentes sobre construcciones americanas, vimos que describían usos ya antiguos y que no recogían otros modernos. Por otra parte, sin las nuevas tecnologías no se podría haber realizado esta obra. Las gramáticas construidas a partir de citas textuales se elaboraban tradicionalmente a partir de fichas (hechas a mano, por supuesto) que se almacenaban durante años. Nosotros hemos usado a diario bases de datos, corpus informatizados, Internet, el correo electrónico y otros muchos recursos informáticos sin los que esta obra hubiera sido imposible. Hace veinte años, sin ir más lejos, no podríamos haber emprendido un proyecto así.

P.- Buenas tardes Ignacio, tengo 24 años y cada vez con más asiduedad veo que jovenes como yo, escriben como si lo hiciesen a través de un sms en un móvil porque no caben todas las letras. ¿Qué remedio se podría poner para solucionar que se respete la escritura correctamente, y no llegar a ver textos que casi ni se entienden?

R.- En mi opinión, el lenguaje de los SMS es un código restringido que tiene su sentido si no excede ese ámbito. El riesgo no está en usarlo en ese medio particular, sino en que los estudiantes usen “q” por “que” o “x” por “por” cuando hacen un examen, es decir, que no tengan conciencia de que esa forma de escribir no es admisible en otros registros. En general, me parece que los jóvenes tienen alguna dificultad para cambiar de registro lingüístico. No todos saben que no se usan las mismas expresiones para hablar con un profesor, un amigo o un juez, y, en general, que la situación o el medio exigen ciertas modificaciones en el idioma. Sucede como con los atuendos. Se puede llevar chándal, pero hay que saber cuándo se lo puede poner uno y cuándo no.

P.- ¿Cómo se ha llevado a cabo esta Nueva Gramática de la Lengua Española?

R.- Ha sido un proceso muy laborioso. Yo he sido el ponente, es decir el encargado de presentar un primer borrador de cada capítulo, unas veces elaborado con mis propios materiales y otras con los que me proporcionaban mis colaboradores. Ese borrador se enviaba a un equipo de especialistas en gramática (académicos y no académicos), que hacían sugerencias para mejorarlo. Con sus observaciones se preparaba un nuevo texto, que se enviaba a todas las academias. Cada una hacía un informe que enviaba a la RAE, donde teníamos un equipo de revisión y edición que ponía orden entre tantísima información. Con ayuda de mis colaboradores, incorporaba al texto todo lo que me parecía correcto en esos informes, y apartaba lo que planteaba dudas o problemas. La comisión interacadémica, en la que estaban representadas todas las áreas lingüísticas del español, se reunía cada cierto tiempo para estudiar esas cuestiones apartadas. Eran reuniones muy largas, pero muy fructíferas. De ellas salía la versión consensuada de cada capítulo. Tenga en cuenta que la obra tiene 48 capítulos (sin contar con la fonética y la fonología) y que las academias son 22. Como el proceso se tenía que repetir para cada capítulo, hubimos de poner en marcha una maquinaria bastante compleja. De toda la infraestructura se ocupó el presidente de la Asociación de Academias, D. Víctor García de la Concha, y también el gabinete de la dirección de la RAE.

P.- ¿Cómo surgió el encargo o la idea de realizar esta gramática?

R.- La gramática de la RAE no se renovaba desde 1973. Ese año se publicó un anticipo, que se llamó “Esbozo de una Nueva gramática de la lengua española”, obra provisional que no llegó a desarrollarse, pero que ha tenido gran difusión. Así pues, la última gramática de la RAE es la de 1931. En el congreso de Academias de la lengua de Puebla (México), en 1998, y a propuesta de la academia chilena, se aprobó que la nueva edición de la gramática fuera elaborada conjuntamente por todas las academias, y también que debía presentar el español en todas sus variedades, no solo en las de España (como hasta entonces era habitual en la gramática de la RAE). Esta decisión fue de cierta importancia en la historia de las academias, me parece. Lo que hemos hecho estos años ha sido llevar adelante el proyecto que se aprobó entonces.

P.- Como docente, me preocupa leer en diferentes artículos cómo es de importante la lectura para apre(he)nder la lengua y qué inútil, qué obsoleta es la enseñanza de la gramática. ¿Cómo hacer entender la importancia de conocer la gramática para acceder a la belleza de la lengua, pero también para poder utilizarla en contextos formales para los que no sirve el conocimiento intuitivo que surge del uso, sino que es necesario un conocimiento explícito dels sistema lingüístico?

R.- Transmitir la importancia de la lectura es fundamental, como usted dice, pero no creo que la enseñanza de la gramática sea obsoleta. Lo que sí creo es que habría que renovar la forma en que se presenta y se hace aprender en la enseñanza media y en el bachillerato. Hay demasiada terminología y poca reflexión sobre la relación que existe entre la forma y el sentido. Parece como si lo único importante fuera etiquetar, dar nombres a las cosas. Muchos estudiantes de esos niveles acaban detestando la lengua, pero lo peor es que no se ve en los responsables educativos demasiada inquietud por preguntarse las causas de ese rechazo ni por ponerle remedio.

P.- ¿Cómo ha sido la labor de coordinar la Nueva Gramática de la Lengua Española?

R.- El proyecto ha sido sumamente interesante. Muy laborioso, como he explicado antes, pero muy interesante. Hay que recordar que las gramáticas clásicas eran obras individuales; las modernas, en cambio, no pueden serlo. Los proyectos de cierta envergadura que se emprenden hoy en día son necesariamente colectivos. La cuestión fundamental es cómo organizarse para que el resultado no sea disperso ni incoherente, y para que los esfuerzos de muchos puedan confluir. Yo estoy razonablemente satisfecho del resultado.


Entrevistado por El País

El 27 de Enero de 2010




Ignacio Bosque

El pasado 4 de diciembre, el español estrenó caja de herramientas: la Nueva Gramática de la Lengua Española (Espasa), la primera panhispánica y coordinada entre las 22 academias, venía a poner fin a una carencia que duraba demasiados años y era recibida con todos los honores. El coordinador de esta obra ha sido el académico Ignacio Bosque, que ha charlado con los lectores sobre la importancia de la misma. FOTO: RICARDO GUTIÉRREZ



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