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Entrevista a Christopher Hartley el día 24 de Octubre de 2002

Pregunta.- ¿RECIBE ALGUN TIPO DE AYUDA DEL GOBIERNO ESPAÑOL?

Respuesta.- Si, he recibido financiación para construir en un batey de haitianos para un comedor infantil, un centro educativo, un taller de costura y una unidad de atención primaria. Y ahora estamos gestionando la rehabilitación y el equipamiento de un hospital de 100 camas especializado en atención materno-infantil. Estamos especialmente agradecidos a la AECI (Agencia Española de Cooperación Internacional, por su apoyo.

P.- He colaborado con varias iniciativas fuera de España. Siempre he oído hablar de Calcuta y la suya de Haití. En la primera he estado. ¿Es facil trabajar con ustedes en su misión? Un mes, dos...

R.- Las personas que estén interesadas en venir a colaborar pueden ponerse en contacto con la Fundación Misión de la MIsericordia en: parr.sanjose@codetel.net.do Es imprescindible para poder venir a colaborar ser católico practicante, tener buena salud, tener más de 22 años y la primera experiencia es durante el mes de agosto, lo cual permite a los colaboradores y a nosotros discernir la posibilidad de venir un tiempo más prolongado. Es importante recordar que esto no es solamente ayuda humanitaria si no tarea de evangelización colaborando con un misionero.

P.- Después de leer su testimonio sobre Marta, su feligresa comida por las ratas; recordé cientos de rostros que conocí trabajando con las Misioneras de la Caridad en Calcuta, en Kenia, en Barcelona, en Madrid... ¿La única solución a tanto sufrimiento es sólo paciencia, consciencia de que no se puede hacer más, de que hay que confiar en el destino y en los "voluntarios" como usted que entregan su vida a "pequeños" rincones como Haití?

R.- La tarea que estamos tratando de desarrollar como Iglesia va dirigida en dos niveles. Por un lado, la urgencia inaplazable de la caridad que responde a las necesidades inmediatas de las personas que la sufren. Y por otro lado, la obra de la justicia que es la que va dirigida a transformar las estructuras que hagan posible ofrecer condiciones de vida más digna. Ambas son responsablidad de la Iglesia pero de ninguan manera la caridad puede retrasar la hora de la justicia.

P.- Los que lo tenemos todo, ¿corrompemos a nuestros hijos?

R.- Desafortunadamente, con mucha frecuencia, las gentes que se llaman católicas de una sociedad de bienestar educan a sus hijos en la absoluta convinción de que además de que sean buenas personas lo único que verdaderamente importa en esta vida es estudiar, tener el mejor trabajo -que se traduce en ganar todo el dinero posible- y por otro lado, divertirse. Pretender al mismo tiempo llevar a unos hijos a un colegio católico o a la misa del domingo es una contradicción tal que desquicia el corazón y la conciencia de un niño o de un joven. Porque la vida cristiana no se vive en las sacristias sino en el rumor de la calle.

P.- Usted viene de una familia acomodada. Debe ser un gran contraste pasar varias veces al año de las chabolas dominicanas al lujo madrileño.

R.- Evidentemente lo insoportable es vivir en una familia acomodada y volver al lujo madrileño, que a mi me asfixía pero al menos me ayuda a entender que es imposible ser cristiano y vivir rodeado de lujo, porque, según el Evangelio, el lujo equivale al homocidio.

P.- ¿Cuánto tiempo al día dedica a rezar?

R.- Orar para mi es sencillamente amar. Quien no sabe de amor, dificilmente tendrá lugar para la oración. Quien ora, ama. La oración es el lenguaje de las almas enamoradas y por tanto, la oración ayuda a descubrir que el amor cristiano no es amor de telenovela si no estar dispuesto a dar la vida. La oración es la esencia de mi vida como misionero y por mi modo de vida, soy un hombre devorado por las necesidades de los pobres. La noche y la madrugada, cuando todo está en silencio, es el tiempo para mi amistad con Cristo. La noche es cómplice de Dios. El resto de mi vida y de mi actividad es una consecuencia de esta amistad de enamorados con Cristo.

P.- ¿Están abiertos al planteamientos de proyectos de cooperación en su comunidad?

R.- Si. Siempre estamos dispuestos a aceptar sugerencias y ofrecimientos de ayuda, siempre que sean compatibles con la misión de la Iglesia.

P.- Como persona interesada en la realidad de los derechos humanos me gustaría conocer la problemática de los trabajadores,así como a la violación a la que se ven sometidos diariamente. ¿donde prodría encontrar dicha información?

R.- Los picadores de caña -vienen cada año unos 20.000, entre noviembre y junio- viven en condiciones de cuasiesclavitud, cobran 2,5 euros por cada tonelada de caña que cortan y cargan en una carreta de bueyes. Muchos de ellos no tienen acceso ni al agua potable, ni a la electricidad, sólo hacen una comida al día, nos les pagan con dinero sino con unos vales, duermen en el suelo o encima de los hierros de unas literas mugrientas y los colonos hacinan a estos picadores en unos barracones que están divididos en habitaciones de 2x2 y en cada habitáculo alojan a seis hombres. Actualmente la Iglesia ha gestionado ante los grandes consorcios azucareros, por primera vez en la historia, un contrato de trabajo en el que algunas de estas necesidades más básicas están recogidas.

P.- No cree que su labor ( la de los misioneros ) está en cierta manera infravolarada por la Iglesia, ya que es mucho mas valiosa que por ejemplo la labor del santo Escriva de Balaguer

R.- Yo no creo que la labor de los misioneros esté infravalorada por la Iglesia. Creo que está infravalorada por la opinión pública, por los medios de comunicación y por aquellas personas que, quiza encerrados en su propio egoismo, no experimentan la corresponsablidad de esta tarea.

P.- ¿Qué fue más duro: la India, el Bronx o Dominicana?

R.- Quiza porque es el lugar donde más a fondo he podido entrar en el mundo de los pobres, para mi esta experiencia de República Dominicana está resultando el desafío más grande.

P.- ¿No le gustaría tener hijos? Y no me diga que ya tiene a los de su parroquia, me refiero a hijos propios, de su carne y su sangre

R.- No me gustaría tener hijos porque un hijo es un inmenso y maravilloso don de Dios a las personas que han recibido como vocación el matrimonio. Para ellos, el regalo de los hijos es expresión de la naturaleza propia de su vocación y reflejan el hecho de que un hombre y una mujer se han intercambiado mutuamente el don IRREVOCABLE de lo indivisible de su corazón. En el caso del sacerdote, en el mio propio, lo indivisible de mi corazón le pertenece a Jesucristo, por eso a él, por la virginidad consagrada, le pertenece toda mi vida. Y eso incluye de una manera hermosísima la fecundidad física. Mi vocación me sitúa inmediatamente y exclusivamente al servicio del Reino. La fecundidad del sacerdote es por ello reflejo de la fecundidad de Cristo, que no por no tener hijos era menos hombre.

P.- ¿Ha tenido alguna vez una crisis de fe? Si es así, ¿cómo ha conseguido superarla?

R.- La fe es un don de Dios y si por crisis se entiende un desafío mi fe está permanentemente en crisis. Si no lo estuviera no tendría posibilidad de crecer y desarrollarse. La fe del sacerdote está expuesta a espantosas oscuridades y por ello mismo, es capaz de solidarizarse con lso sufrimientos y las crisis más hondas del corazón del hombre.

P.- ¿Qué fue lo más importante que le enseñó la Madre Teresa?

R.- Ella para mi fue, sobre todo, madre. Madre de mi sacerdocio, madre de mi vocación. Me enseñó a amar con un amor que yo jamás había conocido, me enseñó que el amor es terco y tenaz y que sólo el amor cristiano es capaz de amar a las personas que no tienen nada de amable. Me enseñó a reconocer el rostro del crucificado en cada pobre. Que la vida es don y por eso solo tiene sentido cuando se entrega. Me enseño, por último, que la vida es una maravillosa aventura y que solo de nosotros depende vivirla apasionadamente o conformarnos con existencias irrelevantes.

P.- ¿Qué tal se lleva lo del celibato? ¿No le gustaría que dejaran casarse a los curas?

R.- Para mi el celibato es el fundamento más profundo de mi identidad, de mi vocación y de mi misión. Es expresión de mi entrega radical a Cristo. Me parecería espantoso que se autorizara el matrimonio de los curas porque, al menos yo, lo experimentaría como un verdadero adulterio existencial.

P.- Siempre insiste en que no es una ONG, sino un sacerdote cuya labor es evangelizar. Pero en circunstancias extremas como las que vive en República Dominicana, ¿es más importante bautizar que dar de comer?

R.- Es bueno recordar que las almas solas son fantasmas y que los cuerpos solos son cadaveres. La tarea explícita de celebrar los sacramentos es la más importante porque afecta al destino eterno de una persona. Sin embargo, el cuerpo es sacramento del alma. El único acceso que tenemos a la interioridad de una persona es a través de su expresividad corporal. La antropología cristiana de ninguna manera puede permitir esa dicotomía. Porque la persona humana es una totalidad y por tanto, es para totalidad de las necesidades humanas a lo que debe responder la Iglesia.

P.- ¿Qué tal se tomaron sus padres su decisión de profesar? ¿Había una gran tradición religiosa en su casa o les pilló por sorpresa?

R.- Soy hijo de madre católica y padre protestante. Cuando Dios me llamó tenía 15 años y curiosamente fue mi padre a quien primero le expresé esta inquietud. Siempre agradeceré su inmenso respeto aunque, logicamente, fuese difícil para él comprender. Recibí, desde el principio, el apoyo incondicional y la confianza de mis padres, que nunca podré agradecer suficientemente. No hay absolutamente ninguna tradición de otros curas o monjas en mi familia. Y mis padres nunca quisieron que fuese a colegios de curas y monjas. Estudié el bachillerato en el colegio Estudio y en el Santa María de los Rosales.

P.- ¿Qué opina de los anticonceptivos? ¿Y de los homosexuales? ¿Comparte la postura de la iglesia?

R.- De los anticonceptivos, como de cualquier otra cosa gracias a Dios, me resulta muy sencillo sentir con la Iglesia aunque entiendo que, porque toca aspectos serios de la vida de las personas, pueda ser motivo de controversia. La finalidad de la sexualidad humana es expresar las dos dimensiones fundamentales del amor esponsal que son: la dimensión unitiva y la dimensión procreativa. Dicho de otra manera, la primera hace referencia al amor y la segunda a la vida. Quien usa anticonceptivos obviamente pretende realizar un acto para expresar la dimensión unitiva -la del amor- pero no la procreativa. Lo importante es entender que son dos dimensiones inseparables del amor humano, por tanto, quisiera responder dejando una pregunta ¿hasta que punto lo que hace la contracepción no es solamente impedir la concepción de la vida sin lesionar la dimensión del amor? En definitiva el riesgo es sustituir eso que tan facilmente se llama amor por la glorificación de lo que a veces es solo placer.

P.- Un cosejo a quienes no creen en la Iglesia como institución, por favor!!!

R.- ¡¡¡¡¡¡Qué la conozcan!!!!!!

P.- ¿No le avergüenza la postura de la iglesia católica frente al escándalo de los curas pederastas en Estados Unidos?

R.- Es, sin duda, un drama espantoso de mi Iglesia y, por tanto, me siento parte de este drama. Es fundamental bajar a las consecuencias más profundas que hayan llevado a producir esta tragedia. Y es importante ofrecer la ayuda necesaria a las víctimas con la mayor transparencia. Solo invitaría a quienes puedan usar este drama como un arma arrojadiza contra la Iglesia, a la cual quiza no quieren demasiado, la importancia del perdón y la misericordia.


Entrevistado por El Mundo

El 24 de Octubre de 2002




Christopher Hartley

La labor de este misionero -que trabajó en Calcuta junto a la madre Teresa- con los trabajadores haitianos que cortan la caña de azúcar en la República Dominicana, es asombrosa. Además de llevar la luz y el agua a 60 poblados y crear comedores para los niños, ha logrado negociar con las azucareras, por primera vez en la historia, un contrato que establezca un día de descanso a la semana, una cama por trabajador y un sueldo de 2,4 euros (400 ptas) por cada jornada. Pregunta ya.



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