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Entrevista a Al Capone el día 17 de Octubre de 1931

(...)
Se recostó un poco más en su cómodo sillón de despacho y encendió por séptima vez su cigarro. Llevábamos más de una hora hablando.

-"Este invierno va a ser de lo más duro. Y nosotros, muchachos, hemos de abrir la cartera y mantenerla abierta si queremos que alguno de nosotros sobreviva. No podemos esperar nada del Congreso, ni del presidente Hoover ni de cualquier otro. Hemos de ayudar para que las barrigas estén llenas y los cuerpos calientes. Si no lo hacemos, nos cargaremos el modo en que hemos aprendido a vivir. Pues, por si no lo sabe, señor mío, América está en vísperas de la mayor de sus agitaciones sociales. Porque el bolchevismo llama a nuestra puerta. Y no podemos permitir que se nos cuele. Tenemos que organizarnos contra eso, hemos de arrimar todos el hombro, y hacerlo rápidamente. Necesitamos fondos para combatir el hambre."

¿Había oído bien? Tenía ante mí al más temible de los gángsteres. Y su conversación, en ves de ser la de este tipo de gente, resultaba de lo más inesperada.


Ficha policial de Al Capone (1931)
-"Hemos de mantener a América -prosiguió- segura y entera. Si las máquinas van a quitar puestos de trabajo a los trabajadores, éstos tendrán que encontrar alguna otra cosa que hacer. Quizá hayan de volver a la agricultura. Pero durante el período de transición tenemos que cuidar de ellos. Hemos de mantenerlos apartados de la literatura de los rojos, de los rusos; hemos de procurar que se mantengan mentalmente sanos. Pues, con independencia de dónde hayan nacido, ahora son americanos."

Abajo, por las calles, los vendedores de períódicos voceaban su mercancía. Al "Brown", como le gustaba que le llamaran, sacó unos prismáticos de un cajón y leyó lentamente los titulares de un períódico vespertino: "Pat Roche confía en detener pronto a Al Capone".

-"Los de la prensa siempre la toman conmigo. Se diría que soy responsable de todos los delitos que se cometen en este país. Usted pensará que mi poder es ilimitado y que tengo la billetera llena hasta reventar. Bien, digamos que en lo del poder hay algo de cierto. Pero con los malos tiempos que corren, mi cuenta bancaria tiene tantos problemas como la de cualquier otro. Tengo en nómina a tanta gente como antes, pero mis beneficios se han visto tan reducidos como los de cualquier otro. Fíjese, le sorprendería saber quiénes son algunos de los tipos que están a mi cargo."


"Hooverville" (campamento) en las cercanías de Chicago (1931)
Con 32 años, Al Capone era un político y un organizador de lo más hábil. Disponía de una maquinaria perfectamente engrasada. La gente que tenía en nómina le costaba más de 200.000 dólares semanales. Y hasta el momento nadie había derrotado a esa máquina. Le pregunté cómo un hombre tan joven podía mantener la organización que había construido. Me replicó sin dudarlo:

-"Es que hoy día la gente no respeta nada. Antes poníamos en un pedestal la virtud, el honor, la verdad y la ley. Educábamos a nuestros hijos de modo que respetaran las cosas. La guerra ya pasó. Hemos tenido casi doce años para recuperarnos, y fíjese en qué se ha convertido nuestra vida. La legislación de tiempos de guerra aprobó la enmienda decimoctava. Hoy día beben alcohol en garitos ilegales más personas de las que entraban en todos los bares de América cinco años antes de 1917. Esto es lo que opinan sobre la Ley. Y sin embargo la mayoría de esa gente son buenas personas. No puede clasificárseles como delincuentes, aunque técnicamente lo sean. La gente siente que la Prohibición es responsable de la mayoría de los males que van en aumento. Pero también crece el número de los que violan la Ley. Yo llegué a Chicago hace dieciséis años con 5 dólares en el bolsillo. A los tres años ya me había casado. Mi hijo tiene ahora 12 años. Sigo casado y quiero tiernamente a mi mujer. Tuvimos que ganarnos la vida. Entonces yo era más joven que ahora, y pensaba que necesitaba más. No creía que fuera bueno prohibir a la gente las cosas que deseaban. Creía que la Prohibición era una ley injusta, y sigo creyéndolo. De modo que en cierta manera natural me metí en la corrupción. Y supongo que así seguiré hasta que la Ley sea revocada."


Pregunta.- ¿De modo que cree que será revocada?

Respuesta.- "Desde luego que sí -repuso de inmediato-. Y cuando así sea, tendré suerte si no he de trasladar mi negocio a otro sitio. Fíjese, señor Vanderbilt, la Prohibición afecta a menos del 35% de mis ingresos."

...Y lo que declaró a continuación cayó como un rayo:

-"Opino que el señor Hoover ha de hacer en su mensaje de fin de año la sugerencia de que los legisladores del país aumenten el porcentaje del contenido en alcohol de los licores. Sería su mejor jugada para volver a ser candidato. Por otra parte, ya sabe que siempre ha dicho del Acta Volstead que es "un experimento noble". De todos modos, con el tiempo la gente ni siquiera lo tolerará. Pedirán que se vuelva a beber normalmente; y si presionan lo suficiente vencerán a la Liga Anti-Saloon y a los industriales que han engordado y se han enriquecido a expensas de la sed. La Ley será revocada. Ya no hará falta el secreto. Y yo me ahorraré una fortuna en nóminas. Pero mientras la Ley permanezca en vigor y haya gente que siga violándola, habrá personas en situación como la mía, que consideren de nuestra incumbencia mantener ese canal abierto. Las personas que no tienen respeto a nada temen al miedo. Y es sobre el miedo sobre lo que yo he construido mi organización. Los que trabajan conmigo no tienen miedo a nada. Los que trabajan para mí tienen confianza, no tanto por su paga como porque saben qué pasaría con ellos si esa confianza se quebrase. El gobierno de Estados Unidos blande un buen garrote ante quienes violan la Ley, y les dice que irán a la cárcel si la violan. Los que violan la Ley se ríen y tienen buenos abogados. Algunos de los menos hábiles cargan con la culpa. Pero por lo general el público tiene menos miedo al gobierno que yo al fiscal Pat Roche. Las cosas que la gente sabe al respecto les resultan divertidas."


Desempleados durante la Gran Depresión
P.- ¿Qué opina de las elecciones de 1932?

R.- "Habrá una votación récord y los demócratas serán barridos. Las masas creerán que de ese modo hallarán alivio a la depresión. Sé muy poco del mundo de la economía, pero no creo que sea así como llegue el final de la depresión. Me parece que llevará más tiempo. El alivio lo traerá una serie de circunstancias, si no dejamos que antes lo consigan los rojos. En mi modesta opinión, el que más oportunidades tiene es Owen Young. Es un tipo fenomenal, y tiene que dejarle que él quien se haga cargo. De lo contrario, será Roosevelt quien lo haga. Y opino que Roosevelt tendrá la sensatez suficiente para nombrar a Young Secretario del Tesoro. Roosevelt es un buen tipo, pero temo que su salud sea débil, y un líder ha de tener buena salud."

...La ingenuidad de Capone era encantadora. No hacía nada por quedar bien, y estoy seguro de que no actuaba para que yo le observase...

Cuatro días antes yo estaba sentado en mi rancho de Nevada. Mi secretario siciliano, Peter Marisca, me trajo un telegrama que no habían podido entregar más temprano. Decía: "Entrevista concertada miércoles en Chicago a las once de la mañana. Llame a mi despacho cuando llegue". Estaba firmado por un conocido abogado del Medio Oeste. Tuve el tiempo justo para hacer el equipaje y tomar un tren de última hora en dirección este.

El miércoles, al llegar a Chicago, me enteré por la prensa del rapto del editor Lynch y de la llamada de la policía de Chicago a Capone pidiéndole ayuda. De todos modos llamé al abogado que me había enviado el telegrama. Capone se hallaba reunido con su consejo y no estaba para nadie.

Más adelante, por la tarde, me hice con un ejemplar de un periódico de la mañana. Los titulares decían que Lynch había vuelto a casa y que el fiscal Pat Roche había dado orden de detener a Capone. Se insinuaba que el Rey sabía demasiado sobre el repentino rapto de Lynch.

Mis esperanzas de ver a Capone se volatilizaron de golpe. Cogí un resfriado y tuve que mantenerme en cama.

El jueves a primera hora recibí un mensaje telefónico: "El secretario del señor Capone dice que estará a disposición del señor Vanderbilt en su despacho esta tarde a las tres".

¡Peter Marisca no me lo entregó porque pensó que se trataba de una broma! De todos modos, aquel mismo día a la hora de comer, en el Drake, me lo dijo en un aparte; y por poco me quemé la garganta con la sopa de tortuga.

Así pues, crucé las cadenas de policías y agentes del gobierno. Y una vez en el vestíbulo del Lexington, entramos en un ascensor, donde un botones nos subió.

En el pasillo nos esperaba un tipo joven y bien vestido. Llevaba un traje color verde más claro que he visto en mi vida. Y no perdió ni un segundo en preguntarme a quién quería visitar.

P.- Tengo una visita con "el señor Brown" -le dije.

R.- ¿Y el que va con usted? -dijo señalando a Pete. Le dije quién era. Avanzamos por el pasillo hasta llegar a un grupo de habitaciones de una suite. Pete se quedó fuera hablando con otros sicilianos en su lengua.

Durante la entrevista, una pregunta que me formuló Capone me hizo volver a mis conjeturas:

-"En sus conversaciones con hombres importantes de todo el mundo -me dijo-, ¿qué soluciones le han ofrecido para la actual depresión?"

-Sinceramente -repuse-, son muchas las soluciones que he oído, pero tengo la sensación de que nadie tenía ni idea. Me parece que estaban perplejos.

-"No perplejos -dijo Al-. Lo que pasa es que no pueden ponerse de acuerdo y coincidir con su opinión. Hay una falta de organización. ¿No es curioso que siendo nuestro presidente uno de los principales organizadores del mundo nos falte ahora organización más que nunca en nuestra historia?"


Estampilla sobre la Ley de Prohibición
-"Sobre el papel, el mundo ha sido capitalizado. Cada vez que a un tipo se le ocurre una idea, el capital aumenta, le proporciona más efectivo y a sus accionistas más acciones. El rico se enriquece más y los accionistas especulan con las acciones. Y alguien descubre que con ello la fábrica de rumores sigue en marcha. Y a algún otro le interesa que las mujeres entren en el juego. El mundo está loco. [...] Los banqueros deshonestos que se apoderan del dinero duramente ganado por la gente tendrían que estar en la cárcel con más motivo que los pobres hombres que roban para dar de comer a su mujer y a sus hijos. [...] ¿Cree usted que esos banqueros van a la cárcel? Pues no señor. Se cuentan entre los ciudadanos más representativos. ¡Y son tan malos como los políticos deshonestos! Y le aseguro que los conozco. Llevo mucho tiempo alimentándolos y vistiéndolos. Hasta que entré en esa banda no supe cuántos sinvergüenzas visten ropas caras y hablan con acento remilgado. El otro día, cuando me detuvieron por evasión de impuestos, por poco me ví metido en un lío. Algunos funcionarios querían llegar a un acuerdo conmigo. Si me declaraba culpable e iba a la cárcel dos años y medio, retirarían las acusaciones que tenían en mi contra. Tendría que pagar algún dinerillo, pero me parece que eso sería mejor que la presión de todo un juicio. Pero algo así como un día antes de cerrar el acuerdo me enteré de que alguien iba a recurrir al Tribunal de Apelación y que allí me cogerían y me meterían diez años y medio en la prisión de Leavenworth. De manera que decidí ser más astuto y declararme no culpable, y cuando se vea el caso, entonces ya veremos lo que pasa. Hace poco decía un periódico de Chicago que se había descubierto que un fabricante local debía 55.000 dólares de atrasos en impuestos por sus bienes personales. Al día siguiente se publicó que se trataba de un error del periódico y que la situación había sido satisfactoriamente aclarada. Si el gobierno del señor Hoover quiere que dé cuenta de mis impuestos federales, lo haré muy gustoso. Creo que podría aclarárselo suficientemente a él y a otros funcionarios, y si en cualquier momento necesitan tratar de algún asunto sensacional, estaré dispuesto a hacerlo."

-"Corrupción" -prosiguió- es una palabra común en la actual América. Es la ley que rige donde no se obedece otra ley. Y está minando este país. Los legisladores honrados de cualquier ciudad pueden contarse con los dedos de las manos. ¡Y en Chicago con los de una! La virtud, el honor, la verdad y la ley han desaparecido de nuestras vidas. Somos de lo más listo. Nos gusta ser capaces de "sacar adelante las cosas". Y si no podemos ganarnos la vida con una profesión honrada, de algún modo tendremos que hacerlo."

Se estaba haciendo tarde. La luz rojiza del sol poniente iluminaba la pintura roja y dorada de las paredes del despacho. La sombra rojo oscuro de la ventana se intensificaba. La gran cabeza del alce que colgaba de la pared, los pescados y las piezas de caza disecados, el rifle de cañón corto... todo parecía brillar en el estallido de color del atardecer. Se diría que el gran fonógrafo antiguo iba a abrirse por sí mismo para que sonara una marcha triunfal.

-"La casa es nuestro principal aliado -comentó Capone-. Tras tanta locura, el mundo y la nación han marchado a base de subsidios, somos perfectamente conscientes de ello. Cuando el enemigo se acerque a nuestras casas, las defenderemos. Cuando el enemigo llegue a nuestras casas, lo expulsaremos. Los salteadores de viviendas serán desnudados, alquitranados y emplumados, como ejemplo para el resto. Si hay más hombres que protejan sus viviendas en su ciudad natal, Reno, señor Vanderbilt, tendrá menos necesidades. Cuando la Ley de la Prohibición sea recusada, habrá menos voluntad de controlar la natalidad. Sin control de natalidad, América puede ser tan inquebrantable como Italia. Con un Mussolini americano, América puede conquistar el mundo."

La puerta se abrió suavemente tras de mí. Peter y el secretario del "señor Brown" seguían charlando. Al saludó de Pete e intercambiaron algunas palabras en siciliano.

-"Recuerde, señor Vanderbilt, que este invierno hemos estado unidos -repitió-. El año pasado di de comer cada día a 350 personas aquí en Chicago. Este invierno las cosas serán peores. Creo ambos hablamos la misma lengua; y me parece que los dos somos patriotas. No queremos ver cómo se hunden los cimientos de este gran país. Hemos de luchar por mantenernos libres. Suerte. Me alegra haberle conocido."

La puerta metálica del despacho se cerró. La más curiosa de mis entrevistas había llegado a su fin.


Entrevistado por Cornelius Vanderbilt Jr

El 17 de Octubre de 1931




Al Capone
Gánster

El 17 de octubre de 1931, la revista Liberty publicó la entrevista que Cornelius Vanderbilt Jr. realizó al jefe de la mafia de Chicago, Al Capone. Por aquel entonces, Capone estaba siendo procesado por evasión de impuestos. A lo largo del encuentro, el autoproclamado "Rey de los Bajos Fondos" no sólo habla de sí mismo, sino que opina sobre la situación de crisis que vive el país y especula con el resultado de las próximas elecciones presidenciales. -"Muchachos, tenemos que mantenernos unidos." Capone y yo estábamos sentados en un amplio despacho de la esquina sudeste del cuarto piso del Hotel Lexington, donde se cruzan las calles 22 y Michigan, en Chicago. Ya habían dado las cuatro de la tarde. Era el jueves 27 de agosto de este año. Abajo, en las aceras, pululaban policías y hombres de paisano. Se les notaba que llevaban artillería. En las últimas veinticuatro horas el lugar había sido limpiado una y otra vez de gángsteres que rondaban por los alrededores. Se habían registrado hoteles y viviendas. Pat Roche quería coger al Rey, y lo quería por encima de todo. Y Pat era el fiscal de distrito. Alguien había sido raptado. Alguien llamado Lynch, que editaba una lista de carreras de caballos. Se rumoreaba que quienes le habían raptado pedían por su libertad 250 de los grandes. La policía de Chicago, creyendo que Al Capone podía saber algo al respecto, había pedido al Rey ayuda para localizarlo. Su Majestad había accedido, y hacía poco que Lynch había sido encontrado. Sin necesidad de pagar ni un centavo. Había algún tipo de chanchullos que Al Capone no toleraba, y el rapto era uno de ellos.





           
           

           
           

           
           

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